viernes, 1 de septiembre de 2023

VIRIDITAS, 16. Entrevista a Isabel Cofiño, historiadora del arte

El sol es mucho y cae a plomo. La sombra de la sede de la Fundación Caja Cantabria se delinea con total nitidez en el suelo. El de Tantín es un edificio de estilo neomontañés diseñado por Lluis Domènech i Montaner, maestro de Gaudí. Isabel Cofiño me espera enfrente, a la sombra del Paraninfo de la Universidad de Cantabria, cuya Aula de Patrimonio Cultural coordina. Es Doctora en Historia del Arte y comisaría junto con Julio Polo la exposición Sacro&Profano: Maestros Antiguos de las Colecciones del MAS y la Fundación Caja Cantabria. Su contacto me lo ha facilitado Juan Muñiz, Director de la Fundación y Bibliotecario de Honor de la Biblioteca Marquesa de Pelayo. La idea es fijar la genealogía de la noción de paisaje desde el arte, en particular la pintura. Nos presentamos y entramos juntos.

Propongo empezar la visita por el final, por el espacio dedicado a retratos porque hay uno en concreto cargado de simbología que entiendo puede conducir la conversación en muchas direcciones, todas interesantes. Se trata del retrato de María Luisa de Orleans, esposa de Carlos II apodado El Hechizado, atribuido al pintor Juan Carreño de Miranda, datado entre los años 1680 y 1683. Pertenece a la Fundación Caja Cantabria. En el cuadro la reina consorte deposita un collar de perlas en una concha que sostiene con la mano izquierda. Dentro de la concha hay un coral rojo.


Tomo una foto de detalle con el móvil, que, por cierto, no utilizo para grabar nuestra conversación (solo voy tomando notas a vuela pluma en un mazo de folios doblados para que sea más firme), y pregunto a Isabel por la razón de tantos elementos aparentemente extraños.

No lo son tanto si conoces su alcance, aclara.

La concha se relaciona con el agua, que representa la vida, es decir, este primer elemento se puede tomar como símbolo de fertilidad. Las perlas simbolizan la capacidad procreadora de la mujer. Ten en cuenta que esta mujer vino a España a ser madre, a tener descendientes. Infructuosamente, sentencia. Por último, en un contexto con altísimas tasas de mortalidad infantil, el coral rojo es símbolo de protección.

El coral rojo también forma parte de la batería de amuletos que se ponían las nodrizas pasiegas. Danitu trajo puesto un collar de coral el día de su entrevista. A este tipo de amuletos se les llama aminículos. Se ponían también a los bebés. Las pasiegas eran muy consideradas como nodrizas, en Madrid, en Sevilla y en otras grandes ciudades españolas, probablemente por simpatía, es decir, por relacionarlas con la leche de las vacas pasiegas, muy rica en grasa. Hoy apenas quedan ejemplares de esta raza autóctona, y es una pena. Son vacas pequeñas y rojas.

El paisaje pasiego es protocapitalista. Aprovechando el florecimiento de las ciudades que trajo consigo la Edad Moderna, los pasiegos sustituyeron la ganadería extensiva común a toda la Cordillera Cantábrica, de origen milenario, por otra intensiva centrada en producir grasa que convertían en productos lácteos que vendían en mercados urbanos. Es una adaptación muy inteligente porque el queso se transporta mejor y es más caro que la leche, y lo mismo la mantequilla y otros productos derivados de la leche. El paisaje pasiego actual viene de entonces. Tiene un valor inmenso. Las inscripciones más antiguas que podemos encontrar en los dinteles de las cabañas pasiegas son de la misma época que este cuadro ante el que nos hemos detenido.

Y una cosa más, señala Isabel antes de continuar nuestra visita: fíjate en los rasgos de la mujer: son muy parecidos a los de su marido. Esta característica recibe el nombre de "androginia marital". La nariz, la boca..., son las de su marido y no, por cierto, por ser él más guapo que ella. Al contrario, parece que ella era una belleza. Salió perdiendo, eso seguro. La estás viendo a ella y le estás viendo a él. No sabemos por qué pasa esto, reconoce Isabel, pero es común entre los Austrias.

Quizá sea símbolo de pureza, propongo. De pretendida pureza, completo.

Podría, acepta Isabel conciliadora.

Enfrente de este cuadro hay otro y al lado otro más, ambos de reyes españoles, de una nueva rama familiar, los Borbones, que van endulzando la expresión y superando en los ropajes la adustez y sobriedad de los Austrias, dejándose notar la influencia de Versalles, el lujo.

Es con los Borbones que sucedieron a los Austrias que se da el paso de la monarquía absoluta al despotismo ilustrado. Estos tres cuadros muestran esta transición muy bien, valora Isabel.

Aprovecha para explicar el reto que plantea un retrato, cualquiera. El retrato está destinado a emitir un mensaje: esto es lo que quiero que veas pero no solo pues lo que se ve también educa la mirada del espectador. 

Ver es un proceso biológico y mirar, cultural, trato de aportar.

Efectivamente, concede.

Los Borbones imponen academias, sigue. Su objetivo último es controlar el discurso. Todos los que quieran hacer algo deben hacer lo mismo que todos. Como consecuencia, por ejemplo, nuestra afamada cantería llega a su fin, desaparece.

Hemos buscado Raquel y yo la casa natal de Juan de Herrera, el arquitecto de El Escorial. Se conserva una casa preciosa en Roiz que es probable haya habitado, pero los vecinos aseguran que no es esa en la que nació. Su casa natal era menos noble, era una casa baja y estaba al lado del cementerio. Fue derribada hace pocos años para ampliar el aparcamiento. Esta tenía cuadru, una solución tradicional que consiste en una estructura de madera que soporta directamente el tejado. Las paredes de piedra únicamente envuelven esta estructura. El cuadru se armaba en verano y se ponía el ramu cuando se terminaba el tejado. Se levantaban las paredes de piedra coincidiendo con la llegada de las lluvias. Es difícil no reconocer el cuadru tradicional en el cubo que servía a Juan de Herrera como inspiración. Lo mismo cabe decir del cubo de Juan de Herrera en la obra de Moneo. Se suele dar por supuesto que son las élites las que hallan las soluciones y el pueblo llano el que las desvirtúa, pero esta creencia es solo eso, una creencia, y como tal está cargada de intención.

La pintura, la arquitectura y otras artes no son neutrales. Tampoco es inocente la lectura que hagamos de ellas.

Otro género contemplado en la exposición son las naturalezas muertas. Este género engloba todas las pinturas en las que aparecen elementos inanimados, cosas. El bodegón es un subgénero de la naturaleza muerta. En él se representan comidas, bebidas y utensilios afines. Esta es la definición académica. Pero en la exposición se incluyen dos bodegones, así categorizados, pese a haber varias mujeres representadas en ellos. Uno se titula Vendedora de ostras y otro Bodegón con mujer, los dos anónimos. Son obras del mil seiscientos y ambos pertenecen a la Fundación Caja Cantabria.

Gramaticalmente cuando coinciden un hombre y una mujer en una frase los adjetivos concuerdan en masculino. Pero también pasa cuando coinciden una mujer y un animal: "una mujer y un perro blancos", por ejemplo.

En este caso parece que aquellas cosas que identifican Vendedora de ostras y Bodegón con mujer como bodegones prevalecen sobre las mujeres en ellos representadas.

Nada raro para la época, nada raro en la nuestra corregirlo.

Ciertamente, tendremos que reconsiderar su adscripción, indica Isabel. Son más escenas costumbristas.

Otro subgénero además de los bodegones dentro de las naturalezas muertas es el que atiende a los cuadros de flores. En la Edad Media no era nada raro que las representaciones de la Anunciación o de la Encarnación vinieran acompañadas de flores. Progresivamente, desde el s. XV y a lo largo de la centuria siguiente, el arte floral se fue independizando hasta convertirse en un género en sí mismo. El detonante se localiza en Flandes. Se explica por el desarrollo hortícola que tuvo lugar en los albores de la Edad Moderna, que dio un claro impulso a la jardinería, además de por la llegada de nuevas especies desde América. Los botánicos recurrieron a artistas capaces de reproducir minuciosamente las nuevas especies y los tratados y repertorios florales ganaron en detalle.

Foco de enorme influencia fue la imprenta de Cristóbal Plantino en Amberes. El propio Rubens perteneció al círculo de este impresor, también relacionado con Justo Lipsio, erudito que a su vez estaba relacionado con Carolus Clusius (Charles de L´Écluse), uno de los más destacados botánicos del mundo. Es de estas relaciones de donde surge el interés de Rubens por la jardinería y el detallismo con que representa plantas y flores en sus creaciones. De su mano, el reino vegetal se estandariza.

Sus modos de representación, completa Isabel.

No hay un estado natural de las cosas, asiento.

Dentro de los bodegones con flores hay una variante significativa que son las guirnaldas. Estas presentan un motivo central de temática religiosa rodeado de flores. 

La guirnalda se suele asociar a ideas de pureza, amor, fertilidad, abundancia, sacrificio, poder o virtud de la figura representada, amplía Isabel. Esta carga simbólica las aleja de las naturalezas muertas, que en principio no van más allá de la mera formalidad de lo representado, aunque ya hemos visto que esto no es posible, que siempre hay una carga de profundidad a punto de detonar.

Para la exposición se ha seleccionado Guirnalda con Virgen y el Niño, anónimo flamenco de mediados del setecientos perteneciente a la colección del MAS. El contraste entre la escena religiosa, a oscuras, y las flores, a plena luz, es muy acentuado.

Por último, el paisaje. El origen de este género se encuentra de nuevo en los países del norte. La Reforma rompe amarras con la Iglesia Católica y se cancela toda imaginería religiosa. En consecuencia, también se cancelan los encargos. La alternativa se encuentra en el paisaje. Es la rampante burguesía local la nueva fuente de ingresos. La burguesía y la decoración.

El origen del paisaje como género se sitúa en la Adoración del Cordero Místico (1432) de los hermanos Jan y Hubert van Eyck, fija Isabel. Pero la primera vez que se emplea el término "paisaje" es en Italia. Frente al amor por el detalle del paisaje holandés, el italiano es un paisaje idealizado. En Holanda cada cosa es, digamos, el recurso mnemotécnico de una idea, todo tiene un porqué, aclara. Así por ejemplo en el retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa (1434) de Jan van Eyck, donde se presenta una amplísima panoplia de objetos cargados de significado, como las naranjas.

Muchos de nuestros paisanos recuerdan haber recibido naranjas como regalo de Reyes, eran consideradas un auténtico capricho, informo. No sé qué significado tendrán las naranjas en este cuadro del mil quinientos, probablemente sean símbolo de eso, del lujo, pero, añado, los escarpines que calza la figura masculina me parecen una forma de mostrar respeto por la convivencia en común (respeto que, por cierto, no tiene correspondencia en el título de la obra). En las casas tradicionales cántabras los pinos o clavos de madera, también los de forja, de las tablas del suelo están remetidos, rehundidos para que, precisamente, los escarpines no se enganchen, porque en casa se estaba en escarpines, para no estropear el suelo y no hacer ruido, en definitiva, para no molestar.

Isabel continúa su explicación remarcando la diferencia entre el paisaje holandés primigenio cargado de detalles y el temprano paisaje italiano idealizado. Este recogía vistas de la campiña romana a media luz que sirven de marco para escenas bucólicas, mitológicas o religiosas.

El paisaje italianizante es acuñado en el taller veneciano de la familia Bassano, amplía Isabel. A esta escuela pertenecen dos cuadros anónimos de la exposición, uno dedicado a la primavera y otro al otoño, ambos del s. XVII. En el primero se ven dos figuras a lo lejos que, apunta Isabel, quizá representen a Adán y Eva.

Vuelvo a hacer una foto de detalle con el móvil.


Adán y Eva antes ocupaban el primer plano. Ahora el primer plano lo ocupa lo que antes estaba al fondo, el paisaje. Y resulta que Adán y Eva no estaban solos, que había más gente, digo. Efectivamente, el cuadro está muy animado.

Es una sorpresa, sí, reconoce. Cuando este cuadro llegó a nosotros estaba muy sucio. Fue al limpiarlo que aparecieron estas dos figuras. No sabíamos que estaban ahí.

No es que el pintor nos invite a mirar detrás del caballete, tal y como hace Velázquez en Las Meninas, propongo, es que el caballete se ha desplazado al fondo de lo que veíamos antes. Adán y Eva son ahora un recordatorio de los orígenes.

De los orígenes del género de paisaje, al menos, admite Isabel.

En las ramas posados y también volando alrededor del árbol, golondrinas. Tienen el pecho rojo. En el mundo tradicional cántabro las golondrinas son tenidas por señal de buen augurio. Nunca se quitan sus nidos si los hacen en casa. Se toman medidas para que no ensucien, pero no se retiran, a nadie se le ocurriría hacerlo. En casa de mis padres han anidado en el garaje. Mis padres han abierto un paso en el portón para que puedan entrar y salir cuando quieran, y se preocupan de retirar cuando hace falta cartones que han extendido previamente en el suelo para que no manchen. Pero no las echan. Se lo cuento a Isabel, que trae a colación la Puerta de los Pájaros que construyó Gaudí en Comillas. Ella relaciona esta portalada con la transformación de Comillas en escenario teatral con motivo de una visita que hicieron los reyes invitados por el marqués. De aquella visita debe el título de primer pueblo de España con luz eléctrica.

La portalada comillana presenta tres accesos: para los animales y carruajes, para las personas (y hasta ahora la solución es común al resto de portaladas tradicionales cántabras) y (he aquí lo que hace a esta portalada una obra maestra) para los pájaros.

¿Qué será, una idea original de Gaudí o se inspiraría en algún paisano cántabro, en alguna casa cántabra?, planteo. 

No lo sé, reconoce Isabel, pero es una maravilla.

Las golondrinas son tan queridas porque se cree que quitaron las espinas a Jesucristo, por eso lo del pecho rojo, por la sangre, aclaro. En realidad es porque se comen los insectos que rondan la casa, las moscas, los mosquitos, etc.

Golondrinas, pues, dice. No las habría reconocido, concede.

Nos acercamos entonces a las primeras obras, que serán las últimas nuestras. Están junto a la puerta de la sala de exposiciones. El montaje es excepcional. Son unos cobres barrocos prototípicos. El artista de la época tenía a su disposición una batería de soluciones llamadas "fórmulas recetarias", que combina. Proceden de colecciones de grabados. Rubens fue pionero en este mercado. Varios de estos cobres están atravesados por rayos de sol que se abren paso entre las nubes. En Cantabria se les llama lugas, del latín LOCUS, "lugar". En Cantabria, a los claros de sol los hermanamos con los lugares, remarco. Un claro en el bosque es el lugar prototípico.

La última obra en la que nos detenemos es Sagrada Familia con San Juanito (ca. 1646-1650) de Valerio Castello, de la colección del MAS. Aparenta estar desenfocada, y lo señalo. Responde que es fruto de una conquista, la de la perspectiva atmosférica. Primero fue la perspectiva lineal, que recortaba las figuras. Mejoraba la medieval, plana. Pero el resultado era artificioso. Fue Leonardo da Vinci el primero que supo representar lo que había alrededor.

Leonardo da Vinci encontró la técnica.

El artificio para aparentar naturalidad, añado.

Exacto, concede Isabel.

La mujer representada está abrazando a un niño y parece que nos acoge también a nosotros. El calor de su abrazo es sincero.

Salimos, se nos ha hecho de noche. Luce la luna, la claridad está en todo.




Las tres últimas fotografías están cedidas por la Fundación Caja Cantabria para el presente proyecto.


Entrevista realizada por Mario Corral, Director de la Biblioteca Marquesa de Pelayo.

VIRIDITAS, 15. Los últimos claveles antiguos

Vamos al pueblo de Rubalcaba a buscar claveles antiguos. Fue Danitu, divulgador de cultura popular cántabra, además de técnico medioambiental, el que nos puso sobre la pista. Son más pequeños que los habituales de hoy en día. Se parecen a clavelinas pero con menos pétalos. No los he visto en ningún otro lugar, indica.

Aparcamos frente a un bar que antiguamente también funcionó como tienda. Dentro el tiempo parece haberse detenido. Lo regenta una anciana cuya tez se empasta con el color de las paredes. Tras el mostrador de madera, encima de una puerta que permanece cerrada, se exponen varias mariposas clavadas con alfileres, las de un lado de día, de colores, y las del otro grises y de mayor tamaño. Unas hacen bonito y a las otras las matamos cuando entran de noche, aclara.

Si seguís río arriba, encontraréis al poco una casa con claveles antiguos en el balcón. Antes había muchos, en todas las casas había alguno, pero ya no, añade.

La hilera donde se encuentra la casa está al lado de la capilla. Los sillares de la capilla están reutilizados. A simple vista se reconocen varias palabras en latín de una antigua inscripción. La fachada parece una sopa de letras. La casa es la que hace esquina. Tiene planta baja con puerta de cuarterones, planta superior con balcón y rematándolo todo el soberáu, que es donde antiguamente se guardaba la cosecha.

Está el cuarterón de la puerta abierto, llamamos con los nudillos en el marco pero no contesta nadie. En el balcón hay varias mantas tendidas al sol. Los pocos tornos que se ven están dispuestos a la suficiente distancia como para que no quepa la cabeza de un niño y evitar así accidentes. Es esta otra de las funciones tradicionales del balcón, la de dejar en él a los hijos solos, a la vista de los padres desde las tierras de labranza o al cuidado de los vecinos, que pueden atenderlos desde la calle. Se trata de una casa antigua construida pensando en el futuro, en los niños. Está aparentemente vacía. Entre los tornos cabecean al aire un par de claveles.

Son pequeños, rojos y poco vistosos pero preciosos.

martes, 1 de agosto de 2023

VIRIDITAS, 14. Entrevista a Danitu, divulgador de cultura popular

Nos conocimos en el homenaje a un músico tradicional cántabro celebrado en Unquera. Raquel y yo le preguntamos por un llamativo ramillete de pequeñas flores amarillas que llevaba prendido de la sudadera con un alfiler. Raquel, que es mi pareja, además de ser joyera de profesión ha trabajado en una floristería.

Perdona, ¿qué flores son esas?

Siemprevivas (Helichrysum stoechas), responde.

Son las mismas que recuerdo de mi abuelo cabuérnigo, replico. El abuelo de Raquel también era de un pueblo a orillas del Saja.

Él es de Obeso, en el Nansa. Se llama Danitu, así le llaman y él lo pide así. Es técnico medioambiental además de divulgador de cultura popular, que es como a él le gusta definirse. Su especialidad son los cantares antiguos. Los interpreta y sobre todo los contextualiza: que el sol no rueda sino que corre por el cielo o que las plantas se ponen por fuera para aprovechar el agua de lluvia además de para que al regarlas el agua no pudra la madera del balcón, por eso que los mozos pudieran coger un clavel camino de la romería y ponérselo detrás de la oreja, por ejemplo.

Muchas letras tradicionales parecen opacas pero con él al lado no.

¿Puedo hacer una foto a las flores?

Estas que llevo ahora las cogí en Caloca, informa. También las hay en los acantilados, por ejemplo en el camino a la ermita de Ubiarco.

Habrá entonces también en el camino que lleva a Cabo Mayor, en Santander.

Las habrá, sí.

Trabamos conversación en un corro en el que la palabra se repartía como se hace con las avellanas, de una en una, con respeto. El sol corría enardecido, el calor era mucho. Le hablamos de Viriditas, le pedimos colaborar en el proyecto y aceptó no sin antes preguntar por la razón del nombre.

Viriditas es lo mismo que el cabuérnigo tiez, que es el vigor, la fuerza que mantiene a las plantas y a los árboles en pie, contestamos. Es una palabra clásica. La cabuérniga nos la explicó una vecina del pueblo de Renedo a cuya puerta de casa llegaban rodando las cerojas que caían de un frutal muy antiguo y comunal al que cuidaban antaño las niñas del pueblo.

Ese primer día lo dejamos así. Tardamos prácticamente un mes en volvernos a ver pero lo importante es que nos volvimos a ver. Paso a limpio estas notas al día siguiente de nuestro segundo encuentro, en el hospital.

Nos citamos en el hall del Edifico 2 de Noviembre. Se suma Raquel. Nos encaminamos hacia los jardines pero por fuera, evitando los pasillos del hospital, y, a la vista de la escultura de metal que parece un rayo, le preguntamos por los mismos.

Las chispas, corrige él y añade que son una de las tres cosas que más miedo despiertan en el mundo tradicional. Las otras dos son los lobos y las culiebras. Por curiosidad busco mientras escribo estas líneas y no encuentro descriptores DeCS específicos. Se preguntaba un soldado español en sus memorias que quién mejor que ellos, los protagonistas, para hablar de lo sucedido en la Conquista de América, y es cierto. La víbora de Seoane, de la que se dice que se muerde la cola para alcanzar rodando a la víctima, el ouroboros clásico, cuya mordedura puede provocar un cuadro potencialmente mortal, solo se encuentra en la Cordillera Cantábrica: o nosotros o nadie.

Para las chispas se encendía una vela en la palmatoria y no se apagaba hasta que pasaba la tormenta. También se rezaba alguna jaculatoria. O se ponía un poco de laurel del Domingo de Ramos por detrás de la puerta de casa. En muchas permanece desde la última vez, hace muchos años, seco ya, sin que se recuerde por qué se puso. Por detrás también un espejo de mano, para peinarse fuera. En la calle es donde más luz hay. Por eso se cosía en la calle. En casa estaba la máquina, así la llama Danitu, que solía estar en el cuartu más soleado, próximo al correor o en el mismo correor.

En el Nansa al balcón se le llama correor. En Cabuérniga correor se dice hasta el pueblo de Fresneda, incluido, y en adelante, aguas abajo, balcón. 

El balcón es un espacio liminal de la casa, polifuncional: así, se utilizaba y todavía hoy se hace para tender la ropa, plancharla entre cantos de río planos, secar parte de la cosecha, por ejemplo maíz, que se exponía en distintos tipos de atados, como las llezas, cuidar a los niños pequeños, por eso que la distancia entre los tornos sea tal que no quepa una cabeza, o cuidar también de los ancianos, a los que se sentaba en poltronas hechas de varas de avellano llamadas zarzos. No puedo evitar pensar en los balcones o quizá mejor decir terrazas de los pabellones del hospital, de estilo neomontañés, donde se sacaba a los pacientes a tomar baños de sol.


/Paciente acompañado de doctor y enfermeras en una de las terrazas de los antiguos pabellones de la Casa de Salud Valdecilla, ca. 1940/

Si las chispas dan miedo también las corrientes de aire, que son sus vías de comunicación. Si hay tormenta, las puertas y ventanas tienen que permanecer cerradas. Por lo mismo, en el monte hay que tener cuidado con los lugares donde haga corriente, en particular los collaos y otros altos y pasos. Así por ejemplo La Cotera´l Prau´ Los Rayos en la Sierra de Cos, indica.

Le cuento que cuando se terminó el tejado de las tres torres del hospital se puso un ramo para rematar la obra, que yo lo vi. Pero no recuerdo de qué árbol se trataba.

De fresnu sería, responde. También podría ser de acebu o, una vez más, de laurel.

De acebo, me viene entonces a la memoria.

El verbo que se utiliza para el ramu es poner. Se pon, y Danitu lo conjuga de esta manera, para celebrar el final de una obra o al acabar la hierba, por ejemplo. El último tractor que baja de las tierras todavía lleva puesto un ramu arriba, asegura.

El ramo de acebo de las tres torres fue sustituido al día siguiente por una bandera que duró pocos días más, también me acuerdo de eso.

La hierba se acaba (es este el verbo que utiliza) en agosto. Se celebra entonces una feria muy conocida en el Prau Socoyu de Puentenansa. Las fiestas suelen ser en verano. Luego por San Miguel vuelve a hacer bueno, aunque por poco tiempo, y la hierba respinga: es la toñaa, que también se aprovecha.

No hay que confundir la toñaa con el tardíu. La toñaa es ese brote que indico, aclara. La toñaa no es el otoño, aunque San Miguel de alguna manera marque el inicio del otoño. El otoño es para nosotros el tardíu.

Socoyu porque está protegido del viento. Pertenece al mismo campo semántico que escalle, asubiu o sotámbaru, todas palabras cántabras.

Mi abuela materna estrenó su primer vestido en esa feria, comento. Era de San Sebastián de Garabandal, aclaro. 

Que nosotros decimos Bastián, completa Danitu. Por cierto, que sus fiestas son en invierno: San Sebastián y San Sebastianucu, con tan solo una semana de diferencia, una anomalía que no acierto a explicar. 

Eso es, concedo.

Lo cosió en un cuartu que había en el correor, continúo, que, de acuerdo con lo que decías antes, Danitu, es donde estaba la máquina de coser. La tela la compró vendiendo avellanas de Guzabreru, en Peña Sagra.

Las renoveras vendían avellanas o rosquillas pero sobre todo avellanas, indica Danitu. Se llevaban a los que no habían ido a la romería. Eran los perdones. Los perdones por haber faltado. Se hacían unos paquetucos así, y Danitu los imita con un pañuelo de papel, y las avellanas se metían dentro. O caramelos también.

En Bilbao, Nueva York, Bilbao, una novela que ganó el Premio Nacional de Literatura y el de la Crítica hace algunos años, Kirmen Uribe reproduce un cuadro de Aurelio Arteta donde aparecen representadas unas chicas vestidas con ropas modernas que vuelven de la romería con rosquillas ensartadas en pequeñas ramas de árbol.

Lo mismo, perdones, afirma.

Con Kirmen Uribe tenemos relación, no estrecha pero sí nos conocemos. También tenemos Raquel y yo un dibujo original de Aurelio Arteta en casa.

Las ramas podían ser de laurel o también de fresno, que es muy apreciado por ejemplo entre pasiegos, por eso que a cada cabaña le acompañe uno de estos árboles, salvo en Resconorio, donde son tejos, Luena, donde son abedules, y el entorno de Las Machorras y La Sía, donde son ujulobu (serbal de cazadores). Porque son más aptas para ello. Por ser de hoja perenne o porque son más rectas, quizá, sugiere Danitu.

Sigo explicando, a fuer de excederme, que mi abuela se hizo su primer vestido con el dinero de las avellanas de Guzabreru que había cosido en el cuartu del correor de su casa de San Sebastián de Garabandal y que lo estrenó en la feria de Socoyu, donde no soplaba el viento, pero que lo más importante es que cuando el vestido ya estaba gastado, se hacía otro que se le pareciera, otro lo más parecido posible al primero.

Que los vecinos valorasen lo cuidadosa que era.

Me gusta ese componente de nuestra cultura tradicional, apunta Danitu tras un silencio instalado fugazmente entre los tres, la moderación.

La sobriedad, coincidimos Raquel y yo.

Se nota también en la vestimenta, poco dada a los excesos, y en los accesorios, amplía. Danitu nos habla entonces de arracadas de campanillas, de pendientes de pata y careta y otros tipos tradicionales. Saca a colación un cantar, que dice:

Los pendientes que tu tienes
campanillas de oro son
descansan en tus orejas
posan en tu corazón.

Danitu lleva puestos sendos aros y un sencillo collar de coral de una sola sarta, como de pasiega antigua. Su bien más preciado, por eso no se lo pone, es una pulsera de metal hecha por un familiar suyo en un campo de concentración.

El abuelo de Raquel también estuvo recluido en uno.

Raquel define su joyería como popular y contemporánea. En su última propuesta trabaja con antiguas fotografías de mujeres cántabras al aire libre. Cala su silueta en latón. Cuando te pones el broche asomas tú, explica.

¿Qué plantas se podrían esperar en un correor, Danitu?, preguntamos.

La buena moza o begonia. Danitu conserva la de su abuela que acaba de pasar a tierra. También nosotros tenemos una cinta de mi abuelo en casa. La pesetera o planta del dinero. Sus flores se parecen a las de las ortigas pero más blancas, aclara. Es de invierno. El cactus de Navidad. Este ya no sé si es de siempre o si solo es que le conozco yo de siempre, duda. La flor de cera. Es muy difícil que florezca, advierte. Resulta que tenemos una en el edificio enlace del hospital, florecida. Es probable que se haya rescatado de la antigua Residencia Cantabria. Las alegrías, añade. De verano. Los geranios, claro.

Le preguntamos entonces por los claveles.

Había, pero no los de ahora. Los del país eran parecidos a clavelinas pero más grandes. Los vi hace poco en el pueblo de Rubalcaba. 

¿Por qué crees que desaparecieron o están a punto de desaparecer?

Responde inmediatamente que porque no se venden, y matiza que quizá porque el clavel interesa más como flor cortada.

Esas imágenes de paisanos con claveles en la oreja se entienden en este contexto, continúa.

¿Y qué otras en el huerto?

Hay que diferenciar la güerta del güertu. La primera está colindando con la mies y en ella hay maíz, alubias, patatas, etc. El güertu está enfrente de casa y, para entendernos, en él se cultiva lo que se echa a la ensalada.

Recuerdo que en cántabro el género también sirve para calificar, siendo comparativamente mejor o más apreciado el femenino. 

En el güertu hay pitiminís. Sus flores no abultan más que esto, y junta lo dedos como si fuera a coger un pellizco de sal. También crisantemos. Es la flor que se pone o ponía a los muertos. 

Los crisantemos florecen coincidiendo con la festividad de Los Difuntos. La víspera las mujeres y los críos subían al cementerio, y se refiere al de Obeso, con un cestáu de flores, sorrapiaban la tumba, es decir, dejaban la tumba en tierra, así mismo lo explica, y la adornaban con flores.

¿Cómo lo hacían?

Posaban flores, no las espetaban. Se marcaba el borde y dentro dibujaban un cruz y también podían poner RIP o más tarde DEP con pétalos.

Si había otras flores, pues otras. Pero sobre todo crisantemos. Los crisantemos estaban en los güertos para eso. Todo tenía su porqué.

La muerte estaba dentro de la vida, no juera.

Tras una breve pausa, Danitu incluye hierba luisa, que tenía uso ornamental y medicinal, y romero y orégano, para cocinar.

En el capítulo de las puramente ornamentales, rosas y claveles. Estos no estaban solo en macetas. A última hora también hortensias. A estas es probable que las introdujeran los indianos.

El color de las hortensias depende de la acidez del suelo. Cuanto más ácido, más azul. 

Pregunto por la costumbre de enterrar hierros oxidados cerca para influir en el color, clavos o restos de aperos, y se ríe. Tampoco sirve tener las plantas metidas en viejos cubos de metal, aunque sea frecuente verlas así.

El cazu roto primero es para que coma el perru y luego se utiliza como tiestu, concede. Pero no sirve.

¿Y fuera del ámbito doméstico, qué flores se cogían?

El mes de mayu es el de la Virgen. Las mujeres y los críos subían al monte a buscar flores para ofrecérselas. En el pueblo de Lafuente de Lamasón me contaba Tina, una vecina, que iban a buscarlas a los invernales de Arria.

El agua de este mes aseguran que es la mejor que hay.

El pelo se procuraba lavar con agua de lluvia. Si con manzanilla, mejor. Mi madre que tiene el pelo claro lo ponía a secar en la baranda del balcón, al sol, explico.

Es normal todavía hoy ver baldes puestos al pie de los canalones por donde cae el agua de lluvia, para hacer uso de ella, continúo. Dicen que es un agua más finu, y hago uso del conocido como neutro de materia, que consiste en que cuando el sustantivo es incontable, el adjetivo concuerda como si fuera masculino, como por ejemplo en agua finu, arena blancu o hierba frescu. Es un rasgo lingüístico patrimonial muy valioso.

¿Y qué flores los hombres y las mujeres?

Las mujeres se las prendían con alfileres y los hombres sobre todo en el ojal.

Para la acción de ponerse flores Danitu emplea el verbo echar.

Frescas, es decir, las cortadas, las mujeres se echaban rosucas de pitiminí. En general, las que florecen en verano. Se las prendían a la izquierda o también aprovechaban el alfiler del pañuelo que llevaban al cuello.

Los hombres se solían echar flores secas, sobre todo siemprevivas. Pero también frescas, en cuyo caso destacaba el clavel del país, detrás de la oreja. También podían llevar un ramillo de laurel, y así lo explica Danitu, o una pluma de la pava verde o pavo real en el galón del sombrero.


/Foto de Viérnoles procedente de la colección de Danitu/

Seguimos paseando por los jardines. Nos asomamos a uno de los pozos y reconoce dentro un niespral, un níspero.

Los niesprales, las palmeras, las magnolias, los cipreses, las secuoyas, el bambú, que suele estar en las traseras de las casas, indica Danitu, las hortensias, son todas especies indianas. El mantu de la Virgen o cala probablemente también lo sea.

En este hospital no faltan ejemplos. A fin de cuentas el Marqués de Valdecilla emigró con tan solo catorce años a Cuba, de donde retornó rico, y anciano.

El niespral no es lo mismo que el abadejal, nuestra variedad autóctona, cuyos frutos no maduran en el árbol. Se recogen duros a finales de año y se dejan fermentar en el pajar o envueltos en papel de periódico o entre manzanas. Cuando están joyecos, es decir, un paso previo a la putrefacción, se comen. Parece compota. Es un sabor antiguo al que se tiene que acostumbrar el paladar. Es seguro que los abadejos le encantarían al cocinero Redzepi del NOMA de Copenhague.

Este tipo de conocimientos tradicionales nuestros podrían tener mucho futuro, si los supiéramos aprovechar.

Todo tiene su tiempu, indica Danitu.

El tiempu de que las vacas estén en la cuadra porque no pueden estar en el puertu, por ejemplo. Las pautas son importantes cuando la vida está ligada a la naturaleza, que avanza cumpliendo etapas y es además cíclica. Sabes a qué atenerte.

Ahora con el cambio climático, no tanto, indico. O es que quizá tengamos que adaptarnos a una nueva pauta, en cuyo caso cuanto más amplia sea nuestra batería de conocimientos, mejor, porque tendremos más donde elegir, más probabilidades de una adaptación exitosa. A estas alturas, es una cuestión de supervivencia no solo cultural sino sobre todo como especie. Bueno, en realidad una va ligada a la otra, acierto a decir.

Todo está ligado, concede Danitu. A veces la relación es evidente, como la que hay entre los crisantemos y los muertos. Otras no tanto, como ocurre con el laurel y los rayos o el agua de mayo y las flores. No sé por qué los antiguos solían casarse en invierno pero sí que los nacimientos se procuraba que fueran antes del verano para que las mujeres pudieran hacer la hierba tras el parto.

Los hombres disfrutaban de periodos de descanso, aunque podían aprovechar para ir de serrones, es decir, de leñadores, por ejemplo a Galicia o Navarra, o dedicarse a la garáuja, que es hacer aperos para Castilla en los portales, como bieldos, que llamamos garios, o rastrillos.

Por contra, las mujeres no tenían descanso.

Detrás de su casa de Obeso hay un lugar con un árbol que llaman El Solar pero de sol, advierte, no de solar de casa, que es donde cazaban jilgueros con liga. Los jilgueros eran del hombre pero los cuidaba la mujer. Es un patrón. Por fortuna ya no se da.

Estamos paseando por las campas del hospital.

Los setos de jaya son preciosos, dice. Hacen comunidad. Si existen los setos, concede, que sean del país.

Le gustan también los matos de margaritas. Son muy cumu nos, dice. Respondo que el jardinero es de Herrera de Ibio y no le sorprende.

Le hago una foto.


Ahora otra sin mí, pide:


A mí me gusta el jardín silvestre, reconoce.

Me recuerda a Gilles Clément, en todo.

Pasa un lavandera apresurada. Le sigue un miruellu o mirlo, que él llama tordu. Lleva algo en su pico de coral. Cualquier insecto indeterminado es un cocu, del latín COCCUM y este del griego KÓKKOS, "grano". Los gusanos son cocas, en femenino. Las cocas de luz son las luciérnagas. A la lavandera Danitu la llama la pajaruca´l quesu porque picotea el queso que se deja de noche en el balcón, explica. A veces quedan sus patucas impresas. De ahí su nombre.

En mi casa, digo, es pisondera. Mi abuela falleció de alzheimer al cuidado de una tía que ahora también tiene alzheimer. Una vecina de la edad de mi abuela les llevaba prácticamente a diario un queso fresco. Era como una ofrenda a la memoria compartida que, dada la enfermedad de mi abuela, solo ella podía rememorar. Se advertían las marcas del trenzado de avellano de la quesera. Supongo que alguna vez también se verían las huellas de la pisondera. No tardó en fallecer también ella y ahora no queda nadie que haga estos quesos.

Se nos ha hecho tarde. Subimos a la biblioteca para cerrar y marchar. Le enseño unas cucharillas de hueso que proceden del antiguo Jardín de Infancia que también recibió financiación de la Marquesa de Pelayo. Son con las que se daba de comer a los bebés. No sabe por qué de hueso, quizá por el tacto, sugiere. Pero debe haber alguna otra razón que se nos oculta porque antiguamente se ponían huesos cerca de los bebés para que los dientes salieran bien.

El hueso de las cucharillas para dar de comer a los bebés, el hueso de los peines, el de los alfileres para el pelo. Su blancura, la pureza, quizá. Todo tiene un porqué, todo está ligado.

Todo tiene su tiempu.


Entrevista realizada por Mario Corral, Director de la Biblioteca Marquesa de Pelayo.

VIRIDITAS, 13: La ventaja

El verano en Cantabria se reparte entre la siega y el pastoreo del ganado (que enveranga) en los pastos altos.

Me lo explica uno de los jardineros de Servio. Es uno de los compañeros que está al cuidado de los jardines del hospital. Es de Herrera de Ibio, pueblo montañés que está al pie de Mozagro.

Mozagro, literalmente "monte sagrado".

Está preocupado porque ha llovido poco y las campas, así dice, están secas.

El latín CAMPUS se traduce como "explanada". Que este terreno llano fuera utilizado como campo de cultivo vendría más tarde. El significado original se conserva en el cántabro campa, la explanada que suele estar dentro del núcleo de población. El masculino se reserva para el exterior. Sabido es que en Cantabria el género también sirve para marcar diferente calidad, siendo comparativamente mejor el femenino, así por ejemplo en vasa, con el significado de "vajilla", frente a vasu, "vaso", o también cucina, "cocina", frente a cucinu, que es donde comen los animales.

La campiza da nombre al "pasto silvestre", igual que campera, que no debe confundirse con cambera o "camino carretero". El verbo campistrear, que significa "deambular el ganado por el monte buscando pasto", es de la familia. Otra palabra emparentada es campura, "ventaja", por ejemplo la que da un segador a otro en un desafío, por el espacio que queda a la vista entre el que empieza antes y el que le ha dado ventaja o campura y lo hace después.

Nadie sabe más que él, que el jardinero de Servio. La situación es excepcional, pero él también lo es. Sabrá qué hacer, si regar más, pasar la máquina menos o qué. Estoy seguro de que logrará salvar las campas.

Es alentador que haya compañeros que identifiquen las campas del hospital como lo que son, lo que son para nosotros, que nos reconocemos los mismos pese al tiempo transcurrido o quizá precisamente gracias al tiempo transcurrido, que nos hace más fuertes. Pronto el hospital celebrará su centenario.

sábado, 1 de julio de 2023

VIRIDITAS, 12: Entrevista a David Añíbarro, paisajista

David Añíbarro es paisajista y ha trabajado para el Gobierno de Cantabria, por ejemplo en el magnífico parque de acceso a Unquera o en el parque de La Ribera en Suances, al lado mismo de la ría de San Martín, también para el Ayuntamiento de Santander, caso de la reforma del parque de La Marga o en el proyecto de restauración de los Jardines de Piquío, cuya obra todavía no está licitada, además de para el Banco Santander, tanto en su sede de Medio Cudeyo (Cantabria), que alberga el Centro de Proceso de Datos, como en la de Boadilla del Monte, su ciudad Financiera en Madrid, ambos proyectos ganados en concurso de ideas. A sus clientes ofrece una propuesta de paisaje completa que incluye no solo los jardines sino también la urbanización. Añíbarro tiene un CV de primer orden, de referencia en el panorama nacional, y nosotros la fortuna de que sea cántabro.

Quedamos en una cafetería aledaña a los Jardines de Pereda. El novelista del que los jardines toman su nombre se halla representado en la cima de una roca que, monumental, preside el conjunto. Por sus faldas ascienden distintos personajes en bronce de su obra, desde la pejina Sotileza al montañés Pito Salces. Los jardines fueron inaugurados el año 1905 y son de inspiración romántica. Eran fragosos y estaban recorridos por caminos sinuosos. Pero la reciente construcción del Centro Botín trajo consigo su transformación. Por aquí empieza inevitablemente nuestra conversación.

En los jardines conviven las líneas curvas de Fernando Caruncho y las líneas rectas de Renzo Piano. Las primeras son coherentes con el planteamiento original, que entiende los jardines como un dispositivo que opera para ensalzar la figura de Pereda, aunque de esta misión quizá solo reste el modelo radial, no tanto la centralidad del novelista, pues su influencia, con el paso del tiempo, ha devenido menor. Por su parte, las líneas rectas se plantean como una estrategia para sacarlos de su ensimismamiento. Se pretende con ellas alinear los jardines con la retícula del ensanche santanderino.

Las primeras son románticas y las segundas ilustradas.

Si esperas una síntesis no la vas a encontrar, Mario.

Los jardines están construidos sobre los cubos del antiguo castillo de San Felipe. Debajo de todo se halla el antiguo lecho marino.

Los pozos abiertos por Cristina Iglesias en los jardines dan vista al antiguo fondo de la mar, y, resolviendo la duda de Rafael Alberti, utiliza el femenino, que es como lo hacen los marineros de la costa cántabra.

Es en ese corte transversal donde se pueden leer todas las capas de los jardines.

Es una metáfora, claro, aclaro, y David asiente. 

Los jardines pivotan en torno a un elemento central que se mantiene desde los orígenes y además se han clareado, se ha facilitado el paso de la luz, lo cual es resultado de aplicar la lógica ilustrada que propone Renzo Piano. Es la cápsula de información que podríamos recetar.

Pero quizá la relación con la bahía no esté del todo afinada. Vale que se haya aceptado elevar el edificio a la altura de las copas de los árboles para no interrumpir las vistas (y este es un tanto que se puede apuntar la iniciativa ciudadana), pero hay especies cuyo crecimiento no se previno, ni su ubicación, y ahora, transcurridos suficientes años, empiezan a hacer cortina, cegando la bahía. Actualmente ya casi no se ve Peña Cabarga desde la Plaza de Alfonso XIII, un error claro de selección de especies para el proyecto, apunta Añíbarro.

Efectivamente, la obra monumental que José Cobo dedica al incendio de 1941, erigida en los jardines, previa a la remodelación promovida por la Fundación Botín, está pensada para que el cielo despejado por el viento sur haga de fondo y es el propio escultor, al que llamo por teléfono, el que confirma que los árboles que han crecido por detrás interfieren en la recepción de su obra. Doy por buena, pues, la prevención del paisajista.

Yo no soy fiel a ninguna escuela, avisa David, no sigo ni el modelo inglés ni el francés. Hay que aprehender el lugar y actuar en consecuencia. Cada espacio tiene su problemática y por tanto se debe establecer o diseñar un programa acorde para cada uno de ellos que dé una solución a los usos y necesidades, y de esta última frase tomo nota literal. Cabe añadir que no llevo grabadora y que notas tomo pocas. David también da por buenas mis prevenciones.

Me viene a la cabeza la palabra conciencia, del latín CONSCIENTIA, que, sobre la palabra SCIRE, "saber", primero significó "conocimiento compartido", luego "conocimiento global, completo", y después "autoconocimiento global del ser humano, de su existencia y de su pensamiento, de sus actos y de la relación de estos con la moral". Hay que actuar de forma consecuente, decías, David, y creo que también de forma consciente, completo.

Eso es, aprueba.

Yo para mi actual trabajo en los Jardines de Piquío, continúa, he recurrido incluso a fotografía histórica. Hay árboles que ya no están pero su presencia se adivina en los árboles que estuvieron a su lado y han llegado hasta nosotros. Por ejemplo, en el viento, su efecto, que antes no afectaba porque no alcanzaba y ahora sí, interfiriendo en sus antiguos vecinos. Árboles que antes crecían rectos ahora se curvan, parecen vencidos. No son especies, las de estos árboles que no están pero se sienten, latentes, no son especies, decía, que recupere por un mero ejercicio de melancolía. Sabiendo que han estado tengo que contar con ellas para desecharlas o para reintroducirlas, pero tengo que tenerlas presentes, tengo que traerlas al presente. Me veo obligado a decidir sobre ellas en función de su entorno, el de ahora y el que será, también en función del que fue.

Hago papiroflexia con el tiempo y con el espacio, indica. Doblo y desdoblo. En muchos de mis trabajos incorporo pequeñas colinas para ganar potencia, para multiplicar las posibilidades del lugar, para dar cabida a todo lo que necesito, a todo lo que está guardado dentro y está presionando para salir, a todo lo que necesita aflorar.

Las colinas de David son como follies que aparecen sorpresivamente en los jardines románticos. Los desplegamos a medida que recorremos sus intrincadas sendas, pienso.

La sorpresa oculta dentro de la pajarita

qué será:

un estanque, por ejemplo.

No hago nada por hacer, todo tiene sentido, asegura, todas mis decisiones están efectivamente, como señalabas tú antes, concede David, tomadas de forma consciente, son decisiones responsables.

Le pregunto y también él de pequeño se tiraba rodando por los prados en cuesta, como hacía yo. Las colinas de David cobran pleno sentido aquí y por eso es aquí donde están, como nosotros.

De un árbol tengo en cuenta todo, dintorno y contorno, que diría Ortega y Gasset, no solo su porte, el color de la corteza o cómo se desarrollan las raíces, por ejemplo, sino también la sombra que genera o las hojas en el suelo: si caen a tierra o sobre asfalto, de una vez como el ginkgo biloba o por veces y en este caso a qué ritmo o bajo qué condiciones, en fin, todo.

En mi caso presupuesto por unidad, por árbol, si es de árboles que hablamos. Como yo trato a los árboles es de uno en uno. Por eso uno de mis árboles nunca va a, digamos, estar fuera de lugar, siempre va a estar integrado y estará sano.

Los ginkgo biloba de la antigua calle La Ribera de Santander, por ejemplo, lo mal que huelen en un determinado momento del año: es un olor a carne podrida que tenía como fin atraer a los dinosaurios. Es un árbol eterno. Se ha recuperado gracias a los monjes budistas, que lo custodiaban en sus monasterios. Pues bien, solo producen mal olor los árboles hembra, no los macho. Si quien fuera lo hubiera tenido en cuenta hoy no tendríamos un problema que mal gestionado podría acabar con la lastimosa tala de los árboles, con su desaparición.

La mirada es la que hace que unas meras coordenadas espaciales se conviertan en un lugar. Este va a nacer primero a nuestros ojos, obtendrá carta de naturaleza cuando le reconozcamos como tal. Es un proceso dilatado y delicado, muy exigente. Si acepto un encargo, lo daré por terminado cuando logre sentirme parte de ese lugar que yo mismo estoy contribuyendo a construir, concluye.

La cortina vegetal que tapa la bahía no está, como tampoco la bahía misma. La noche se las ha llevado hasta la mañana siguiente. Nosotros también nos despedimos.


    Ciudad Financiera del Banco Santander en Boadilla del Monte (Madrid).


    Parque de La Ribera en Suances.


    Jardín privado.


    Jardines del Centro de Proceso de Datos del Banco Santander en Solares.


    Vista Sur - Norte Nuevo Parque de La Marga en Santander.

    Fotografías tomadas y facilitadas para la presente publicación por David Añíbarro.


Entrevista realizada por Mario Corral, Director de la Biblioteca Marquesa de Pelayo.

miércoles, 21 de junio de 2023

VIRIDITAS, 11: Termina la primavera, empieza el verano

Esta tarde he estado resolviendo la donación de la biblioteca del que fuera médico de Luena durante la guerra. Fantásticas las revistas, la mayor parte editadas por la Industria. Solían recibirlas los médicos de forma gratuita. En muchos casos eran las únicas a su alcance. 

Estas revistas representan una laguna para nosotros. La Biblioteca Marquesa de Pelayo fue inaugurada el año 1929. Es la primera moderna de España. Habría que esperar casi cincuenta años para que se viera como algo normal que hubiera bibliotecas especializadas en los hospitales españoles. Es probable que fuera por este motivo, por la escasa presencia de bibliotecas hospitalarias, que no recibiéramos en su momento este tipo de revistas, porque ni nuestra biblioteca estaba suscrita a ellas (sí a más de ochenta cabeceras internacionales de primer nivel, pero no a estas) ni la Industria se preocupaba de enviárnoslas, quizá por desconocimiento o porque, en aquellos años, no éramos su público objetivo. También pudiera ser que sí las recibiéramos pero no se las valorara lo suficiente y se tiraran, no entro en si de forma acertada o no. Lo cierto es que no las tenemos en nuestro fondo y si no las tenemos nosotros es difícil que en España las tenga nadie más. Por eso es importante cubrir esta laguna, por nosotros y por nuestro entorno. También somos en lo que nos rodea.

Es una pena tener lagunas como esta, decía, aunque una vez detectada estemos haciendo lo posible por cubrirla. También apena saber que nuestra biblioteca no fuera circulante, es decir, que no cubriera a todos los profesionales cántabros. Estaba previsto pero problemas presupuestarios y también de intendencia lo hicieron imposible. Por eso que aquellos profesionales que no estuvieran vinculados a la Casa de Salud Valdecilla se vieran, de alguna manera, desasistidos: tenían acceso a información científica si se la pagaban ellos y de forma complementaria a través de estas revistas de la Industria, no necesariamente sesgadas, aunque está claro que su foco de interés coincidía con el de la empresa que las financiaba. No era la mejor de las situaciones, pues. Los profesionales de aquel entonces también tenían la opción de venir a la Biblioteca en persona, pero imagino que no les resultara fácil; no al menos al médico de Luena.

Hoy, y desde hace relativamente poco, este problema no lo tenemos. La Biblioteca Marquesa de Pelayo atiende a todo el Sistema Sanitario Público de Cantabria. Hemos reunido todas las revistas en papel del Sistema, incluidas las de las extintas bibliotecas de la Residencia Cantabria y del Hospital Sierrallana. Hemos centralizado también los recursos electrónicos. A todo proveemos acceso desde nuestra biblioteca virtual. Se suma el servicio de préstamo interbibliotecario, que, gracias a la cooperación, permite obtener fuera lo que la biblioteca no tiene dentro. En correspondencia, servimos lo que tenemos y las bibliotecas vecinas necesitan. La mejora es sustancial.

La donación del antiguo médico de Luena está prácticamente resuelta. Termina la primavera, el día y termina también mi jornada laboral (en realidad lo hizo hace varias horas). Antes de cerrar, me asomo por una de las ventanas de mi despacho, la que mira a poniente.

Se oculta el sol tras Peñacastillo

el cielo rojizo corta la respiración

tomo aire y cae la noche. Peñacastillo

desaparece salvo por un punto de luz

roja que parpadea arriba: la civili-

zación.

jueves, 1 de junio de 2023

VIRIDITAS, 10: Dos entrevistas en torno a la ingravidez

Subrayo a lápiz el siguiente párrafo de Ventanas de Manhattan (Seix Barral, 2004) de Antonio Muñoz Molina, página 14:

En Grand Central Station la impresión del espacio es tan poderosa, tan estimulante, como en las ruinas de la basílica de Majencio o en el interior del Panteón: un espacio desmedido y sin embargo armónico, que no aplasta con la escala de sus dimensiones, sino que da más bien una cierta sensación de ingravidez que la mirada vuelta hacia arriba contagia al cuerpo entero, un impulso de elevación gozosa, como cuando se escucha una cantata de Bach.

El hall del Edificio 2 de Noviembre me conmueve desde su misma apertura. Este párrafo me ha puesto sobre la pista de por qué.

La ingravidez al ingresar en él, a qué se debe.

1.

José Luis Bilbao me cita en su despacho. Está entrando a la izquierda y luego al fondo. Me ofrece un café. La máquina es suya, la maneja él y el café, en un gesto de humildad encomiable, lo sirve también él. Me alcanza la taza y la calidez que transmite su persona la siento también ahora en las manos.

Fue Director Gerente de 2007 a 2011. Con él llegué yo. Recuerdo que al presentarme conminó a los que conmigo iban a que no me faltara de nada, que son las mismas palabras que dedicó el marqués a Rafael Lorente de No.

José Luis respeta los rituales cívicos.

La estatua del marqués que está a la puerta del Pabellón 21, dice, enarca las cejas y yo asiento, al pie del Pabellón de Dirección, insiste, allí se hacía una misa y luego una fiesta por el cumpleaños o el santo del marqués, no tengo muy claro ese punto, reconoce. Por eso pusimos esa estatua donde está, continúa, al aire libre. 

Es una estatua que todos los 24 de octubre, aniversario de la Casa de Salud Valdecilla, amanece con un ramo de flores frescas en su regazo, sin falta. Son flores que diseminan su olor posadas en el regazo de bronce del marqués.

La finca donde está el hospital tiene forma de corazón, ¿no te habías fijado?, pregunta, y no, no había reparado en ello, pero pensándolo tiene razón.

Estaba todo dispuesto pero ya desde el inicio no se pudo cumplir el sueño del marqués. Él quería un hospital orientado a sur, que es a donde mira Santander, a la bahía. Pero las comunicaciones estaban arriba, abajo solo había agua y apenas una línea de ferrocarril que además de las distancias tenía que salvar las mareas, un ferrocarril anfibio, y José Luis sonríe. Esta tensión entre la realidad y el deseo es muy nuestra, asevera.

Hoy el principal problema del hospital es el propio hospital, que se molesta a sí mismo. Esto es porque se han ido acumulando decisiones tomadas sin respetar el pasado ni prever el futuro, decisiones desmemoriadas, de alguna manera inconscientes.

Te pongo varios ejemplos.

Los pabellones se dejaron como carta de presentación de la ciudad, para que se vieran nada más entrar por la rotonda de Lamarga, además de para ver desde ellos la bahía, pero Valdecilla Sur los tapó.

Los jardines previstos al pie de Valdecilla Sur se malograron por culpa de una subestación eléctrica dependiente de la Autoridad Portuaria.

Los accesos a Valdecilla Sur también se vieron comprometidos. 

Lo mismo cabe decir de los accesos a Urgencias.

Tampoco se salva la circulación interna. Los flujos de trabajadores, pacientes y visitas se superponen.

Nunca se ha visto el hospital como un todo.

La conexión entre el Edificio 2 de Noviembre y las Torres no está bien resuelta, otro ejemplo. De hecho a la puerta orientada a norte le han tenido que poner unas orejeras para protegerla del mal tiempo y el gran ventanal del hall del Edificio 2 de Noviembre no mira a ninguna parte, del otro lado se ha puesto el Salón Gómez-Durán.

Por cierto, el primer trasplante de corazón practicado en este hospital lo dirigió este doctor.

Me vienen a la cabeza esas declaraciones del poeta José Hierro rescatadas con motivo de la reciente celebración de su centenario (y en las que participó la Biblioteca adquiriendo y exponiendo Emblemas Neurorradiológicos, obra de extraordinaria rareza) en las que afirma, allá por los años sesenta, que el poeta es el hombre que comercia con su corazón, que lo trasplanta al papel y que a través del papel, dice Hierro, lo trasplanta en aquellos que van a leerlo.

Tenemos un problema de adanismo, continúa José Luis.

Se acumulan muchas épocas, al menos cuatro, y José Luis enumera: la de los años diez, la de los veinte, la de los setenta, que podríamos considerar refundación, y la de ahora; muchas épocas, muchas lógicas y ninguna integrada, nulo diálogo.

Hablo de refundación en los setenta porque Segundo López Vélez fue el que quiso levantar un hospital heredero del que inauguró Wenceslao López Albo, un hospital brillante. Esa fue su visión y creo que merece ser tenida todavía en cuenta, aclara.

Debido a Segundo López Vélez y al papel que cumplió en la Universidad de Cantabria, por entonces de Santander, de la que fue su comisario político, la imagen que tenemos es la de un hospital franquista, pero no se corresponde con la realidad, el hospital lo que realmente fue es víctima del franquismo, como todo el país. Superamos el franquismo y fue en parte gracias a Segundo López Vélez. Las herencias también se eligen, Mario.

Yo soy partidario de que Valdecilla tenga un estatuto especial, informa. Pienso en una institución pública pero con capacidad para gestionar dinero con origen distinto al público. Ganaríamos autonomía. De hacerlo, respetaríamos el legado tanto de Wenceslao López Albo como de Segundo López Vélez, y José Luis traza con las manos una semicircunferencia en el aire.

Es bajo la influencia de este último que se construye el edificio de Traumatología. Ese edificio estaba conectado con la uve, que tenía dos alas, y José Luis las representa poniendo las manos de canto, una y otra: la norte la pública, donde se atendía por la mañana, y la sur la privada, donde se atendía por la tarde.

El sur ha sido siempre nuestro horizonte, lo dice buscando mi mirada, buscando también mi complicidad.

Cuando se cayó el edifico de Traumatología el año 1999 se quiso que todo el hospital mirara a sur, por fin. Pero tampoco entonces lo conseguimos. 

El hall del edificio que pasó a llamarse 2 de Noviembre corresponde al de hospitalización. Está planteado para visitas, que suelen venir cargadas de preocupaciones. Mi idea era que ese hall te sacara del pensamiento, y me preocupo de apuntar estas palabras de José Luis al pie de la letra.

Abrir un claro.

En el hospital y dentro.

Entiendo que de cada uno, y sí.

No conseguimos que el hospital mirara a sur porque no conseguimos que el arquitecto dejara de trabajar para el constructor y pasara a trabajar para el propietario, que éramos nosotros. Me refiero a la sociedad, aclara.

Añade que el sur lo lleva utilizando desde hace un buen rato como metáfora, te habrás dado cuenta, pregunta, y contesto que sí.

¿La solución?, responde: la solución es que el proyecto de hospital esté acompasado con el proyecto arquitectónico.

Los edificios son las personas. Cuando decimos que hay que poner la vida en el centro queremos decir los pacientes y sus circunstancias, que nos incluyen también a nosotros. Hay que construir con intención.

No se puede construir Parayas, por ejemplo, para meter dentro a los pacientes psiquiátricos cuando en todo el mundo es tendencia sacarlos. Hay que estar en hora.

El horizonte temporal en nuestro mundo es de veinte años.

Hay que tener puesta la mente en ese horizonte y plegar el tiempo.

Tampoco se puede jugar todo a una carta. Eso es condición de vida, la diversidad. No se puede apostar todo a un tratamiento rompedor, por ejemplo.

Hay que viajar, también.

Yo recuerdo estar de visita en un hospital muy bien dotado de una ciudad hispanoamericana pero donde no había profesionales porque el entorno no acompañaba, era muy inseguro, estaba el hospital prácticamente vacío.

El dinamismo que provocó Segundo López Vélez transformó la ciudad, eso es así.

Somos en lo que nos rodea.

Es fundamental cuidar nuestro entorno.

El muro que nos cerraba a la altura de la cuesta de los toros, por ejemplo. Pusimos en su lugar un seto. No fue por difuminar la frontera, fue por retirarla. Me decían que no era posible, que no era seguro. Pero lo hicimos y ha sido un éxito porque desde entonces la gente siente al hospital más suyo. Hay que dar esa oportunidad a la ciudadanía, la de ser parte.

Valdecilla se tiene que abrir más.

El marqués tenía un árbol preferido, un pino, que ya no está, se taló hace muchos años. A mí me gusta la secuoya, es un árbol imponente al que cualquiera se puede acercar.

Efectivamente, la secuoya está al alcance de la mano. Se ve desde su despacho. Nos despedimos, me tiende la suya y yo ya sabía que a pesar de todo iba a estar caliente. El sol que entra por la ventana incide en su regazo.

2.

Quedo con Eduardo Gruber y Juan González de Riancho de la Galería Siboney en una cafetería del centro, por la tarde, llego tarde pero aun así el primero, luego el artista, que me lleva al fondo, ocupa uno de los lados largos de la mesa y bien, como no tardaré en comprobar, porque Eduardo sabe aprovechar el espacio cuando se explica, las manos hélices que airean ideas, yo me acomodo en el opuesto y Juan, cuando llega, que no tarda, apenas tiene oportunidad de sentarse, ocupado como está en entrar y salir pendiente de la galería que está enfrente.

Pongo encima de la mesa una pila de libros dedicados a Eduardo, él apenas los mira pero los reconoce y asiente. A Juan le gusta el detalle, lo noto en el brillo de sus ojos, de mirada afilada, hecha a tanto arte. Es una entrevista imprevisible aunque la haya preparado, lo sé, no sé a qué atenerme ni si luego voy a acordarme.

Pregunto a Eduardo por el hall del Edificio 2 de Noviembre. Parece hecho a su medida. Algo de eso hay. Cuando se pusieron en contacto con Eduardo a través de la galería, el espacio estaba definido con tres pilares alineados que hacían del hall un espacio tupido. Eduardo planteó la posibilidad de dejarlo totalmente diáfano. Para despejar la mirada y para que ganara como espacio vital, de paso o de encuentro, sin interrupciones, esa era la idea, informa. Si a nivel técnico fuera posible, completa. Presentó al arquitecto una serie de maquetas y finalmente le convenció. Suelo recurrir a las maquetas cuando trabajo, dice, y doy fe de ello. He tenido acceso a las que empleó para preparar su instalación en los jardines del palacio de la Fundación Caja Cantabria en Santillana del Mar y son muy minuciosas y delicadas.

Con aquella obra de Santillana del Mar quería coger las medidas del bosque, dice.

Poco antes de la inauguración, se posó una lechuza coronando la instalación.

El bosque nos ha dado el visto bueno, pensé.

La obra del hospital también tiene carácter arquitectónico. Se titula "Metrópolis". Pertenece a una serie inspirada en ciudades, en lo que me inspiran a mí, aclara. La última es "Sarajevo", el último cuadro de la serie se titula así.

Fue con esa ciudad que me cansé.

El cuerpo me pidió entonces volver a la figuración. Pero dudaba porque se supone que tras la figuración viene la abstracción, no al revés. Finalmente di el paso. Vino precedido de movimientos en el dibujo, que en mi caso siempre va por delante. Mis dibujos son cabezas de playa. El dibujo que funcionó como bisagra se titula "El perro azul". No obstante, en mi figuración hay siempre una intención, que no es lo mismo que un mensaje. Yo relaciono la intención con la abstracción.

¿Y cuál es tu intención?, pregunto. Tarda en responder:

qué puedo contar yo

para ser yo,

ahora.

1 + 2

Al entrar el hall del hospital se deja ver sin molestar:

es un claro del bosque

o una intención

apenas nada pero - como esas cimas 

donde se ve el día y la noche

a un tiempo - es todo porque es

el lugar donde estás, aquí.


Entrevistas realizadas por Mario Corral, Director de la Biblioteca Marquesa de Pelayo.