En el Edificio Enlace tenemos una planta de flores de cera de cuyas corolas, vueltas hacia abajo, pende un puntito de savia, como de un grifo mal cerrado. Es rara en Cantabria, por el clima, que no le es propicio. Quería que la viera porque cuando estuve en su casa para cerrar una donación de antiguas revistas médicas que nos hizo, vi que la tenía en el rellano de la escalera y me llamó la atención, tanto que me dio un esqueje. Pero la del Edifico Enlace tiene otro origen, la suya no fructificó, y a pesar de ello o por eso mismo quería que la viera Juan.
Juan se apellida Gutiérrez Martínez-Conde y cuando nos llamamos para fijar una cita me preguntó si estaba seguro de que encajara en el proyecto, y claro que sí: maestro, filólogo, poeta, editor, amante del arte y de la naturaleza... Yo ya había oído hablar de él trabajando en la sede madrileña de la editorial SM. También de una escuela cántabra de ilustración, con la revista Peonza como bastión, cuya principal característica era, así me lo explicaron, la melancolía. En montañés a la melancolía se la llama malencunía. Es una palabra que sigue viva porque se utiliza mucho. Yo volví a Cantabria de Madrid por ella.
Le hago esperar un poco porque llego al teléfono. Reúno en un mismo movimiento muchos gestos: de saludo, levantando la mano, y de disculpa mientras señalo el teléfono, es por esto, y dibujo con el índice un rollo en el aire, que es el gesto de ahora termino, perdóname. Asiente, se apunta un ojo y mira los cuadros del hall. Son de cuando se cayó el Edificio de Traumatología y se levantó el Edificio 2 de Noviembre.
Termino y nos damos la mano. Es sorprendente la calidad de los cuadros que tenéis aquí, dice. Este de Gruber es fantástico, remarca. Este precisamente condicionó el diseño del hall, digo. Estaba previsto de otra manera. Iba a estar flanqueado por columnatas y no sé cuántos artificios más pero Gruber presentó a los responsables de la obra un proyecto alternativo, incluidas maquetas, y aprobaron la propuesta. Gracias a él, tenemos un hall liviano, o esa era la intención original. Así es, confirma Juan, aunque siento que no lo dice del todo convencido, y es que, confirmo al preguntarle, a los dos nos parece que el espacio está un poco saturado de obra, informo, sobrevenida, obra de aluvión, por ejemplo el mural metálico que bajamos de la Residencia Cantabria antes de que desapareciera, el edificio y con él la placa, que he atribuido al escultor Ferreira y titulado (es un título facticio) Cariátides. Iba a ponerse a la entrada de la Biblioteca pero pesa demasiado y hubo que buscar un emplazamiento cerca de la puerta principal, que es donde está. Este autor también tiene obra en la rotonda de acceso al IDIVAL (también recuperada) y en el estanque de la residencia de estudiantes de la UIMP (cercenada).
La gente utiliza el regazo de La doncella de Mazcuerras de José Antonio Andrés para descansar. Llegamos a acordonar la escultura para evitarlo pero preguntamos al artista y su respuesta fue que no le molestaba, así que retiramos el cordón. Los niños le dicen cosas, le agarran la cara, le miran a los ojos, asoman la cabeza por debajo del brazo sobre el que la doncella apoya la suya, interaccionan de mil maneras con ella (qué bonito sería un catálogo de formas). Juan la toca con cuidado. Los que trabajan con la madera, sean carpinteros o escultores, dicen que la madera sigue viva cuando abandona el árbol. Debe ser cierto. La doncella de Mazcuerras está hecha de una sola pieza de cajiga. Apenas quedan robles de este porte.
En la plaza de Vega de Pas, donde la iglesia, había una robleda que daba cobijo a la mesa concejil, digo. Fue talada hace no tanto. He preguntado a los vecinos y solo se acuerdan de los árboles. No de para qué servía la mesa. Una cosa conduce a la otra. Pronto de los árboles tampoco se acordarán. Es un fenómeno generalizado. Yendo a la otra punta, cada pueblo de Cabuérniga tenía su árbol concejil y luego había uno en La Castañera de Terán bajo el que se reunían todos los vecinos del valle. Son tantos los árboles caídos en La Castañera que ya no se acierta a saber qué restos corresponden al árbol concejil del valle.
En el hall parejo, el que corresponde a las tres torres, hay un conjunto escultórico de Eloy Velázquez hecho a partir de los restos del antiguo muelle de Albareda. Aparecieron enterrados en limo durante las obras del Centro Botín. Sinceramente, desconozco de qué modo terminaron esos restos arqueológicos en el taller de un artista, pero lo cierto es que ahora dan forma a un conjunto escultórico impresionante titulado "No Crossing". Son decenas de personajes tras una alambrada. Su mensaje pesa como el de los plomos perdidos por los pescadores en el fondo de la bahía.
Quiero hablar con Juan de respeto. Del que debemos, matiza él. Quizá darlo sea una forma de merecerlo y resulta que estamos hablando de lo mismo.
El deber cívico cuesta esfuerzo, tanto a los individuos como a las instituciones, remarca Juan. No basta con abrir la puerta. Hay que ver qué medidas tenemos que tomar para atender a toda esta gente de la mejor manera posible.
No debe movernos el interés material, no porque les necesitemos, continúa, no porque alguien tenga que cuidar de nuestros mayores, limpiar o atender nuestros negocios. No se trata de eso. No es incorporarles a un sistema injusto sino hacer que el sistema deje de serlo.
Si eso es posible, apunto.
Con su ayuda será más fácil conseguirlo o al menos más satisfactorio intentarlo, replica. La diversidad multiplica los puntos de vista y las oportunidades. También las soluciones.
El arte nos conduce por la misma vía, sigue. El arte te lleva a otro mundo, te pone otra sensibilidad diferente en el cuerpo. Esta finalidad terapéutica se suma a la ornamental que también tiene su importancia, no en vano la estética no es solo un placer sino también una necesidad del ser humano. En estas coordenadas os movéis vosotros, y me mira, y yo asiento.
También queremos ganar músculo social, no se lo oculto. Tener a tanta gente buena contigo te hace mejor. Esta gente buena está siendo muy generosa con nosotros. El proyecto se alimenta de cesiones temporales de obra que no retribuyen ningún beneficio económico a sus autores. Si acaso, participar de un proyecto colectivo bonito.
Nos descubrimos al pie del retrato del Marqués de Valdecilla pintado en los años veinte por Gerardo Alvear. Este pintor es pionero del muralismo cántabro. En el cuadro el marqués posa con la mies de su pueblo al fondo. Es una forma de decir a sus paisanos que es rico. Le cuento entonces a Juan cómo conseguimos ponerlo donde está: estaba en el despacho de un directivo al que cesaron, aprovechando el vacío de poder entramos, lo descolgamos y ayudados por una grúa de acordeón, lo colgamos en el lugar preeminente que ahora ocupa, como le corresponde, presidiendo el acceso principal.
A Juan le encanta Gerardo Alvear y también su hija, Luz, menos conocida. Mi pareja y yo tenemos en casa un carboncillo suyo. Juan me cuenta de una familia que comparte apellido con el pintor, aunque no sabe si tendrán relación, lo que sí tenían era un Stradivarius en muy mal estado que resultó ser una antigua copia exacta que terminó en manos de la conserje del colegio de Juan.
Invitaron a Juan a dar una conferencia en el MAS sobre alguna obra de su elección y se acordó de una vista de Buenos Aires de Gerardo Alvear, pero cuando fue a verla se encontró con una escultura de Avecilla y otra de Daniel Alegre enfrentadas y cambió de rumbo. Su conferencia versó sobre estos dos escultores cántabros.
Son artistas estética y conceptualmente muy diferentes, dice. Todo el dramatismo y sufrimiento de Avecilla se contrapone al clasicismo y la serenidad, al mármol pulido de Daniel Alegre. Me gustó ese contraste.
Para Juan somos según cómo nos relacionemos. La relación con otras personas, con el entorno y con nosotros mismos no solo es deseable sino también inevitable. Por eso hay que procurar que se establezca en términos positivos.
La convivencia es nuestro ecosistema, apunto.
De Avecilla le cuento que en sus últimos años, aquejado de una enfermedad muy agresiva, esculpía como podía en miga de pan que luego su galerista, que es quien me lo contó, se ocupaba de trasladar a metal. ¿Lo que mueve a la vida arrastra consigo al arte o el arte y la vida son la misma cosa dicha de forma distinta?
De Daniel Alegre se organizó una exposición hace poco en el MAS, sigo. Estuve en la inauguración. Me sorprendió que todo el mundo tocara las esculturas. Luego supe que había trabajado puliendo las esculturas de Rodin y lo quise entender.
Daniel Alegre hizo una pareja de bustos, un pastorcillo y una pastorcilla, de los cuales, es lo que se dice, solo se conserva el primero. Estaba expuesto en el MAS. A su lado había un busto identificado como el de una chiquilla. Pero yo creo que era el de la pastorcilla perdida. Los comisarios no la reconocieron. Demasiado bonita, quizá. No para mí. Al menos pusieron los dos bustos juntos. Tampoco los toqué.
Daniel Alegre se retiró de mayor a Casar de Periedo, donde trabajó con la piedra local. Es la misma piedra con la que están hechas las casas montañesas. Estas suelen estar orientadas a sur. Es una maravilla tocarlas al atardecer, cuando se empieza a sentir el frío pero las piedras todavía conservan el calor del sol.
Otro autor que me encanta, en esta senda de descubrimientos, dice Juan, es Antonio Winkelhöfer. Estuvo vinculado al expresionismo alemán, luego huyó del nazismo y recaló en Santander, donde falleció en los años setenta. Son espléndidas sus ilustraciones para el libro Mitología y Supersticiones de Cantabria de Adriano García-Lomas. También ilustró El Quijote y otras obras de referencia. Hoy se le podría equiparar con José Ramón Sánchez. De este último tenemos obra en el Salón Noble de la Biblioteca, digo.
Un poco más adelante hay obra de Martínez Cano y de Yolanda Novoa, ambos amigos suyos. A sabiendas de que no nos va a dar tiempo a todo, tampoco a ver las flores de cera, nos encaminamos hacia la cafetería. Cuando llegamos pasamos al lado del personal del Hospital y nos sentamos dando vista a las obras de los protones:
Desde aquí sentados parece una maqueta.
La primera es abadar, que es cuando una peonza va a caer, y Juan rápidamente responde con una frase de su amigo y artista Fernando Calderón: "abadó como peonza chona", es decir, que alguien cae de golpe.
Dentro de la página web de la revista Peonza, en el apartado dedicado al equipo, hay un dibujo de Fernando Calderón donde aparecen varios niños jugando a la peonza. Este pintor era universalista y por eso mismo le gustaba pintar su entorno inmediato. Es lo que decía el escritor portugués Miguel Torga: "lo universal es lo local sin paredes". Esta visión a medio camino de lo global y lo local, glocal podría decirse, es marca de la revista.
La segunda palabra es can, "golpe". También la conoce. Añade que a veces el jerrón de la peonza, que es redondo, se afilaba para que el can hiciera más daño.
Esta palabra procede del latín CANIS, "perro", por la forma de la mordedura.
Runflar o runfar, el ruido que hace la peonza al girar, de origen onomatopéyico. También.
Por último, rullar, que significa "girar" y que probablemente esté emparentada con rolar. Esta Juan no la conocía y confieso que yo tampoco. Es la única que he sacado de un libro. El resto son de mi familia, también de la de Juan. Él aporta una expresión: "estar dormida", que es cuando gira con tanta precisión que parece estar quieta.
Son todas palabras que se han conservado en casa, si acaso. En las escuelas estaba penalizado utilizarlas. Prefiero no preguntarle el porqué porque hacerlo sería trabar la conversación. Adivino que él contestaría que por error o por una previsión de futuro equivocada o porque los principios básicos se modulan en función del contexto y este no siempre ha sido favorable a la vida. Pero prefiero preguntarle por los valores y luego, si acaso, inferir.
¿Cómo entiendes la educación? ¿Puede ser neutral? ¿Qué valores? Son las tres preguntas que le hago:
La educación es como la paternidad o la maternidad, responde. Nuestros hijos viven en el futuro y nosotros en el pasado. Conciliar esto es la clave. Tenemos que educar hoy pensando en el mañana, que no sabemos cómo va a ser.
Pero hay algo que nunca cambia y es el amor, el cariño, la ternura entre seres humanos.
Me acuerdo de D. Aniceto, sigue. Fue mi maestro en Castillo-Pedroso. Me acuerdo de un día que me cogió del hombro. Lo hizo con afecto. Lo recordaré siempre. Entonces prevalecía la disciplina. Ese cariño, esa ternura, es fundamental. Esos pequeños detalles.
La enseñanza se basa en el cariño.
Los alumnos a veces se interesan por curiosidad y otras por congraciarse con el profesor. Esas son las bazas. La comunicación entre adultos y niños es complicada porque son mundos distintos. El único puente es el afecto, el cariño, en todos los ámbitos, sobre todo en la educación. Este es un principio universal.
Antes creíamos que la escuela estaba interpuesta por el poder, la escuela era obediencia. Pero hoy pienso y defiendo lo contrario, desvela Juan: hacen falta escuelas, sí, pero que inculquen principios éticos básicos.
Cito a William Blake:
y un cielo en una flor silvestre;
tener el infinito en la palma de tu mano
y la eternidad en una hora."
Es del poema Augurios de inocencia (1803).
En este poema, Bernardo Atxaga quiere ver un precedente de la noción de fractal, que apenas tiene cincuenta años: lo grande contiene lo pequeño como lo pequeño lo grande. Se trata de esos pequeños grandes detalles de los que hablaba Juan.
El poema es largo. Continúa desgranando sencillas creencias populares que sirven como atajos que conducen a conceptos universales: "un petirrojo en una jaula / pone furioso a todo el cielo", "quien haga daño al reyezuelo / jamás tendrá el afecto de los hombres", etc.
Tengo para mí que las creencias populares y los cuentos son máquinas del tiempo que traen del pasado aprendizajes útiles hoy. Hacer atractivo el mensaje a través de toda una panoplia de recursos literarios facilita su transmisión. Pregunto a Juan por su opinión al respecto.
Vladimir Propp tiene un librito titulado Morfología del cuento en el que defiende que los cuentos populares de carácter "maravilloso", sean polinesios, rusos o montañeses, se componen de treinta y una funciones combinadas en siete esferas de acción, explica. Todo está ahí.
El mismo autor tiene otro libro, esta vez más denso, titulado Las raíces históricas del cuento, en el que defiende que los cuentos populares "maravillosos" no son meras invenciones fantásticas, sino que recrean simbólicamente ritos ancestrales.
Valoramos un capitel románico pero no un romance, cuando su valor no digo que deba ser el mismo, apunta, pero sí equivalente.
Ha pasado parecido con las revistas y los libros en las bibliotecas sanitarias, digo. Las revistas dieron el salto al mundo digital mucho antes que los libros. Cuando los libros se sumaron, aplicamos las mismas soluciones que se habían probado con éxito con las revistas, sin embargo los resultados fueron peores. Esto fue no porque de forma inesperada los libros perdieran interés, sino porque se estaban aplicando soluciones espurias, es decir, ajenas a su naturaleza. Ahora que lo estamos corrigiendo, comprobamos que los libros sirven para lo que sirven, que no es lo mismo para lo que sirven las revistas: los primeros trasladan información consolidada y las segundas más reciente y controvertida. El interés que despiertan no es el mismo pero sí equivalente.
O con las trovas recogidas por William Christian en el Alto Nansa publicadas por la Universidad de Cantabria. El autor aplicó criterios de edición propios de la poesía culta, con lo que las trovas perdieron interés. Parecían un pastiche y no porque lo fueran, sino porque fueron presentadas de acuerdo con una serie de criterios que no le eran propios. El principal, que la mayoría eran total o parcialmente cantadas, circunstancia que en el libro se omitió.
En las escuelas vascas los niños que quieran pueden participar en talleres de bertsolarismo. Les sirve para mejorar su expresión oral, para perder miedo escénico, etc. Este es el camino, apunta Juan. Hay que llevar la trova a las escuelas.
Le cuento una anécdota. Sabiendo que venía, me acerqué al aula hospitalaria por si le querían conocer, para preparar el terreno. Pero estaba cerrada por vacaciones. En la puerta encontré pegados textos escritos a mano por los pacientes pediátricos. Había sobre todo poemas. Pero me llamó la atención un texto que, bajo el título de "Invisible", decía: "Un héroe puede ser cualquiera, incluso alguien haciendo algo tan simple como poner un abrigo alrededor de un joven para hacerle saber que el mundo no se ha terminado". Es una cita de la película Batman.
Creo que estamos superando los primeros recelos hacia las nuevas tecnologías. Ya no se asocian estas necesariamente con el consumo de contenidos sino con la imaginación, que es la esencia de la lectura, no importa la naturaleza ni el soporte.
En una entrevista a Emilio Lledó publicada en Peonza, el filósofo del lenguaje decía que hay que fomentar la lectura de libros que enseñen libertad para poder pensar. Para Juan, la clave de la lectura también está en el placer.
El ideal es que la lectura sea compleja, dice, pero en el camino no hay que soltar la mano del placer. Si el libro que nos llega no es el mejor, da igual, lo importante es que nos conmueva, saber que hay algo, la lectura, que te satisface y que te hace comprender que lo que están sintiendo otros te afecta. A la máxima calidad se llega de forma gradual, recapitula.
No hay que forzar, si acaso reconducir, dice.
Juan lee por rachas. Hubo una época en que le interesaba la novela española y mucho aquella que trataba sobre la infancia. Tanto, que pidió un año sabático para escribir un libro sobre este tema que permanece inédito. También le ha interesado mucho el ensayo y la poesía. Y de fondo, siempre el tebeo y la novela gráfica. La ilustración es una constante.
Le pregunto por Peonza, Premio Nacional al Fomento de la Lectura en 2018.
Es una revista de Cantabria especializada en literatura infantil y juvenil que presta una atención especial a la ilustración. Ahora cumplimos 40 años. Antes estuvo Quima (1983-92). Peonza es una rama de Quima. Presentamos escritores e ilustradores, experiencias de animación a la lectura, tratamos todos los temas, recomendamos lecturas, pero no somos partidarios de que sean obligatorias.
En Cantabria nació la Institución Libre de Enseñanza. De aquí, la Universidad Internacional de Verano de Santander, luego Universidad Internacional Menéndez Pelayo, la Estación de Biología Marina de Santander, la Casa de Salud Valdecilla... Esta es nuestra genealogía. Peonza quiere pertenecer a esta tradición, remarca Juan.
Las herencias también se eligen, recuerdo.
Detrás de Peonza hay un grupo de amigos maravillosos que se ha mantenido y aumentado. Cuando digo mantenido quiero decir cuidado, aclara. Empezamos a trabajar con la Democracia. Era una época utópica. Estaba todo por hacer. Había una ilusión global, recuerda. La enseñanza estaba dentro de ese ansia de libertad, de expresión, de creación. Aparecen distintos movimientos de renovación educativa y en Cantabria el foco de atención se posa sobre la Educación Compensatoria. En las escuelas rurales se sufría una situación deplorable. Los maestros leíamos y luego compartíamos lo leído, esa era nuestra formación. Quima era eso: uno lee o ve, aprende, y comparte. La necesidad era muy grande porque la situación era muy nueva. El primer número de Peonza se fabricó a base de máquina de escribir, tijeras, letraset, pegamento y fotocopiadora. Ten en cuenta que hasta para comprar tizas de colores teníamos problemas.
Pese a todo, en aquella época existía el día de mañana. Había esperanza. Hoy hay una corriente mayoritaria de miedo, reconoce.
Faltan utopías.
Cuando faltan, se cierne el apocalipsis. Es una lectura que propone Gonzalo Torrente Ballester, aclaro.
No hay que dejarse dominar por el miedo, tranquiliza Juan. El apocalipsis y las distopías son una proyección de la preocupación que sentimos hacia la muerte. Yo voy a morir y la civilización va a sucumbir conmigo. En cierto modo, es normal creerlo. Por ejemplo, los aztecas están viviendo su quinto sol, lo cual supone que les han precedido cuatro apocalipsis. Sobrevivir, y la supervivencia es la meta de todo lo que vive, incluidos nosotros, también es superar este miedo.
La cultura tiene que servirnos también para esto, para sobrevivir, es decir, para afrontar nuestros miedos y superarlos.
Es indudable que hay un mundo oscuro. Lo que más hay en el universo es materia oscura, continúa. También en el ser humano, en el inconsciente. La oscuridad es lo predominante, pero no lo más importante.
La oscuridad es lo desconocido, lo que tenemos que desvelar. En el universo y en nosotros mismos. Le agradezco la aclaración: su signo, si positivo o negativo, dependerá de nosotros.
No tengamos miedo, reclama. Hay buena voluntad y responsabilidad. La mayor parte de la gente es Buena (lo escribo con mayúscula porque así me lo pide) y se esfuerza por hacer bien su trabajo. Yo creo en la esperanza. No me gusta la gente que dice que ha perdido la fe en el ser humano.
También es muy importante la amistad. Juan quiere mencionar algunos buenos maestros que ha encontrando en el camino:
Carlos Galán era un magnífico profesor, dice. Siendo estudiantes hicimos una revista literaria, Escalera, y Carlos se la llevó a José Hierro. Nos la devolvió comentada poema a poema. Eso es algo que no se olvida.
Aurelio García Cantalapiedra, otro. Nos invitó a varios jóvenes a leer nuestros poemas en la presentación del número 10 de la revista Peña Labra, la mejor revista de poesía española de su época, y luego publicaba siempre algo nuestro.
Ramón López Tamés, que fue el profesor de la Universidad de Cantabria que me animó a licenciarme en Filología Hispánica con un trabajo publicado con el título Literatura y sociedad en el mundo chicano (ediciones de la Torre, 1992).
Fernando Calderón, Julián Santamaría...
Salimos a la plaza del Hospital y brilla el sol. Quiero hacer una foto de despedida y enfoco primero al suelo para comprobar los parámetros de la cámara. Nuestras sombras se dibujan muy claramente en el suelo. Hago una foto:
Entrevista realizada por Mario Corral García, Director de la Biblioteca Marquesa de Pelayo.






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