Llego al recibidor del Hospital y Felipe González, Delegado de SEO/BirdLife en Cantabria, que esperaba al pie de La doncella de Mazcuerras, reacciona nada más verme. Viene a mi encuentro y me saluda afable. Es rápido también hablando. Tras una breve conversación, decidimos ir a los jardines por dentro. Aprovecho para recordarle las normas de este encuentro: no grabo, apenas tomo notas, escribo de memoria y no subo el texto a internet sin su consentimiento. Acepta. No utilizamos el ascensor, bajamos por las escaleras. Le voy indicando las esquinas que hay que doblar con la mínima antelación pero no hay atisbo de duda, vamos surcando los pasillos. Llegamos al pasillo largo que conecta todos los pabellones, la columna vertebral del Hospital, miramos a un lado y a otro, apenas hay gente que se interponga, alcanza la vista hasta el final, a quien le llegue, no a mí, abrimos la puerta de cristal lateral y nada más acceder al jardín me dice que hace tiempo recibió una consulta del Hospital relacionada con las muertes de aves contra los cristales del Edificio Enlace, al que nos encaminamos.
Sí, era aquí, confirma. Ciertamente recuerdo ver regueros de pájaros muertos a los pies de los cristales, algunos todavía latiendo, llamitas rojas, amarillas apagándose, muchos con sangre en el pico por haberse estrellado, rememoro. El Hospital ha puesto unas bandas con el anagrama CSV que alertan a los pájaros de que por ahí no hay paso. Lo ha hecho por recomendación de SEO/BirdLife en Cantabria. Se ve a través de los cristales un raro ejemplar de la planta conocida como hoya carnosa. Está en una de las pasarelas de hormigón que articula el edificio, cuya finalidad es precisamente conectar distintos espacios del complejo hospitalario. Cuelgan por entre los barrotes racimos de flores que parecen de cera con su punto de néctar, en este tiempo. Es sorprendente porque florece en verano. El cambio climático.
Le pregunto por la palabra cántabra cantarazaña. Se trata de una pregunta retórica porque es una palabra al borde de la extinción. Apenas la conoce nadie. Él tampoco. Le quiero explicar su significado. Es también uno de los objetivos de estas entrevistas. Cargar en la cabeza de gente interesante información que también lo sea pero que, quizá por su carácter local, adolece de escasa difusión. Proyectar esta información en gente que por su perfil la haga resonar. Pero antes le cuento una anécdota del Hospital relacionada con estos cristales, los pájaros muertos y los políticos:
El día antes de la inauguración de las Tres Torres el Director Médico del HUMV y yo pegamos en los cristales del Edificio Enlace vinilos con siluetas de rapaces que habíamos encargado a Imprenta Regional. Había coincidido así. Resulta que al día siguiente llegaba el Presidente del Gobierno. Pues para ese día los vinilos ya no estaban. Los habían quitado esa misma noche. Creyeron, para nuestra sorpresa, que los vinilos eran un ataque al logo del partido en el Gobierno. No volvimos a ponerlos.
Felipe y yo tomamos el camino que discurre en paralelo a Valdecilla Sur en dirección a la última de las campas, la que está a la altura de las obras de los protones. Cantarazaña, retomo, es la palabra cántabra que se emplea para lo que en castellano se llama coro del alba, dawn chorus en inglés. Felipe sabe perfectamente a lo que me refiero. Es el jolgorio de cantos que se oye al amanecer, con su apogeo entre abril y mayo. No está claro por qué se produce. Seguramente por razones relacionadas con la defensa del territorio y con el emparejamiento, que son los ejes de abscisas y de ordenadas de las aves, más razones concomitantes, por ejemplo porque al alba se oye mejor su canto, porque todavía no hay alimento, porque cantando después de tantas horas sin comer se demuestra fortaleza, porque el canto es en sí una demostración de capacidad cognitiva, etc. Pero la cantarazaña se produce cada vez más temprano. En este caso las razones están más claras: por el aumento del ruido ambiente y por la contaminación lumínica. Incluso hay pájaros diurnos que están empezando a cantar de noche, como el miruellu o mirlo.
Alcanzamos mi pabellón, el 16. Está a mitad de camino. A la vista de los aleros Felipe dice que se podrían aprovechar para poner cajas nido para vencejos. Es un ave bonita e inocua. No hace falta que me convenza. Han puesto nidos en un edificio parecido, el CEIP Ramón Pelayo, informa. Le digo que el arquitecto del Hospital y de ese colegio es el mismo, Gonzalo Bringas. No en vano el colegio lleva el nombre de pila del marqués. Las construcciones modernas carecen de aleros y los pájaros se están encontrando con problemas para anidar, dice.
Esos aleros propicios para las aves hacen que quiera situar la arquitectura original del Hospital dentro del estilo neomontañés. No obstante, he de reconocer que esta adscripción responde más a un deseo mío que a la realidad. Es probable que el Hospital original, del que apenas se conserva esta hilera de pabellones, la capilla y el fragmento de reja oculto por el fallido intercambiador de autobús, responda a un estilo ecléctico, no a ninguno en particular, tampoco neomontañés, como ecléctico era el propio arquitecto, lo cual significa que lo hacía todo y todo bien, desde el Palacio de La Magdalena al Club Náutico de Puertochico. Si muchas veces los deseos son difíciles de cumplir es porque aún lo son más de justificar.
Pero este diálogo fluido con el entorno que caracteriza al Hospital primero, presente tanto en los aleros como por ejemplo en la orientación de las terrazas, ¿no es precisamente piedra de toque de la arquitectura tradicional? Tan importantes como las cosas son las ideas que explican las cosas. Si las cosas nos conducen a las fuentes y bebemos de ellas, es decir, si compartimos ideas, siendo la principal el respeto por el entorno en el que somos, ¿por qué no decir que el Hospital se alinea con el estilo arquitectónico que actualizaba, reinterpretaba la tradición, la arquitectura neomontañesa?
Haciendo repaso, el alma de la casa tradicional cántabra es el cuadru, que se compone de cuatro postes que sostienen el tejado a dos aguas. Es una estructura autoportante. Su lógica es parecida a la de una pérgola. Este conjunto se levanta en verano. Cuando se termina se celebra una fiesta (en Guriezo por ejemplo se llama la jera) y se pone el ramu, tradicionalmente de laurel o tejo. Cuando llegan las lluvias se arman las paredes de piedra. Hay que advertir que no son de carga. Su función es proteger el alma de madera. Todavía recuerdo que cuando se terminó el esqueleto de hormigón de las Tres Torres se puso un ramo de tejo, en realidad un tejo pequeño entero, en lo alto de una de ellas, aunque a los pocos días se sustituyó por una bandera española.
Además de en patios de colegios, SEO/BirdLife en Cantabria ha intervenido en 120 parques y zonas verdes de la ciudad, incluyendo la reducción de la frecuencia de siegas para favorecer la floración de las especies silvestres, la instalación de más de 500 refugios para aves, murciélagos e insectos, la creación de charcas para anfibios, la plantación de setos y rodales arbustivos, la creación de jardines para polinizadores., etc.
Tenemos una campaña especial centrada en el autillo, dice. Yo oigo uno desde mi casa e impresiona, digo. Cierto, concede, escucharlo en la ciudad es un lujo. Es una especie ilustrativa, continúa. Ahora hay más que antes. Eso también nos está diciendo que las razones de la extinción de las aves están en nosotros, pienso.
Llegamos a la última de las campas. Felipe señala varios pájaros posados en el terreno o dando cortos paseos. Nos adentramos en la campa porque yo no veo bien. Sigo sin ver, solo cuando levantan el vuelo y ya es tarde. Ese es un colirrojo tizón, informa. Instantes después levanta el vuelo otro y Felipe añade: y esa es la hembra. Ante tal riqueza, Felipe desgrana la inmensidad de proyectos que tienen en marcha en Santander. De esta entrevista pueden salir proyectos bonitos. Me señala entonces el bosquete que está al pie de la antigua Residencia Cantabria, ahora vacía. Ese bosquete es fundamental, dice. Habrá autillos, seguro, y también petirrojos, currucas y algún zorzal metido, desgrana. Me había fijado en esa mancha de árboles pero no le había dado tanta importancia, digo. Busco una palabra acorde. Me sale jiebi, literalmente bosquete. Una palabra al borde de la extinción para un bosquete que también lo está.
Una pareja de rapaces anida en la antigua Residencia, anuncia Felipe. Ayudan a mantener a raya la población de palomas. Hay quien asegura que se trajeron varios halcones del aeropuerto para lo mismo pero que los quitaron porque se enamoraron de las palomas. Esta historia tiene los mismos visos de realidad que esa otra que asegura que hay un túnel que comunica los pabellones con la Residencia, es decir, ninguno. Pero hace poco estuve viendo una colección de pequeños corazones fallidos conservados en formol que hay en un almacén del antiguo crematorio y la patóloga que me acompañaba me señaló una puerta tapiada que comunicaba con el antiguo edificio de Traumatología. Por ahí ni siquiera se atrevían a ir solos los miembros de seguridad del Hospital, aseguró. Así que a lo mejor lo de los halcones también es cierto.
Atiendo a Felipe que me dice que los vecinos de esas casas del borde de Ciudad Jardín también le han pedido asesoramiento para las pantallas que acompañan a las nuevas escaleras mecánicas, las que comunican el Hospital con la Facultad de Medicina. Lo cual nos hace volver la vista al Edificio Enlace, donde este problema está, dentro de lo que cabe, resuelto, y a donde nos dirigimos.
Rompe a llover y apretamos el paso. Una vez dentro del Edificio Enlace le hago reparar en las macetas. La mayoría de las plantas están traídas de la Residencia Cantabria. Apenas se salvó nada, la placa de metal con una representación de las Cariátides que hemos puesto en el hall del Edificio 2 de Noviembre y poco más, pero las plantas los propios trabajadores se preocuparon de bajarlas. Aquellas para las que no se encontró sitio en alguno de los Servicios del Hospital se pusieron aquí. Son cintas y otras plantas sencillas que hablan de nosotros. Gente sencilla de un pueblo que también lo es. Yo conservo en casa una cinta que fue de mi abuelo.
Propongo ir a un bar que hay en el barrio del otro lado de la carretera pero antes quisiera enseñarle el solar donde estaba proyectado construir primero la sede del Hospital Virtual y luego el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Cantabria pero que terminó sirviendo para almacenar material pesado, sobre todo de obra. Hubo que retirarlo porque no sabemos si debajo del solar hay un refugio antiaéreo de cuando la guerra o solo un almacén de carbón, pero en todo caso una oquedad que con tanto peso encima corría el riesgo de colapsar. En el solar hay un níspero centenario y varios laureles de gran porte. Al níspero en Cantabria se le llama abadejal. Su fruto, el abadeju, se comía, pero bajo unas condiciones especiales. Se cogía a finales de año todavía verde, no llegaba a madurar en el árbol, y se metía entre la hierba del pajar. También entre manzanas o envueltos en papel de periódico. Se esperaba a que fermentara, a que se pusiera joyecu, que se decía, a punto de pudrirse, comiéndose entonces. Empleo el tiempo pasado porque no es solo que ya no se coma, es que apenas quedan abadejales. En Cabuérniga dos, en Carmona y en el pueblo de Valle. Pese a todo, yo los he podido probar. Es un sabor propio de paladares antiguos. No puedo decir que me gustara. Pero este níspero del Hospital está domesticado, es ornamental, de jardín.
La gestión actual del solar se reduce a echar guijo y químico. Aun así reverdece cada año. Por suerte no hay (todavía) plumeros. Mi idea es crear un jardín de flores silvestres y darle el nombre de los dos médicos (uno Jefe de Servicio, el otro Residente) de la Casa de Salud Valdecilla asesinados en el asalto al barco prisión Alfonso Pérez las Navidades de 1936. Se lo comento a Felipe y le parecen ideas acertadas, sobre todo la del jardín de flores silvestres. SEO/BirdLife tiene proyectos que podrían encajar bien aquí, dice, y me lo tomo como una promesa.
En uno de los árboles próximos hay posado un mosquitero común, señala Felipe. Detrás una urraca. Las urracas se dice en los pueblos que llegaron con la guerra. Yo mismo, digo, recuerdo hacer de niño el gesto de apuntarlas con un escopeta y que escaparan volando. Manuel Llano en Dolor de tierra Verde, obra póstuma, relata que la primera señal de la Guerra Civil en Cantabria fueron las cigüeñas llegando a valles desacostumbrados, como Cabuérniga. Huían de las bombas.
De Manuel Llano le cuento otra historia. Resulta que los cuervos suelen asomarse a las chimeneas en invierno. Se dice que ahí apostados escuchan para luego contarle al Ojáncano los cotilleos de los vecinos, por eso que a este cíclope de la mitología cántabra, fiero señor de los bosques, se le represente con un cuervo al hombro. Reímos y él dice que el cuervo es un animal muy inteligente y longevo y que probablemente se acerque a las chimeneas buscando el calor o por el humo, para desparasitarse. Mi familia tiene casa en Cabuérniga, digo, y siempre que llegamos la familia de cuervos que anida cerca, en las peñas, viene a ver. Les tengo cariño. Hoy mismo me ha parecido escuchar a uno de camino al trabajo en los árboles de la alameda. Sería una corneja, se figura Felipe. El cuervo hace "cro-cro" y la corneja "crue-crue", reproduce. Fíjate en el ruido que hace.
Pero se lo piensa mejor y añade que hay dormideros de cuervo en la costa, por donde el Puente del Diablo, así que no sería raro que se desplazaran hasta la alameda o hasta aquí mismo. Efectivamente, hay muchas mañanas que me parece sentirlos desde mi despacho, digo. Pasan entre los pabellones como ágiles sombras camufladas en la noche.
Es entonces cuando le digo las palabras que se cree (nos) dicen los pájaros y que traigo apuntadas: "Torta-brá, torta-brá", la codorniz, canto que se toma como presagio de un buen año de maíz. "No vaigáis, no vaigáis", el cárabo. Es claramente preventivo. "Pe-cu, pe-cu", el cuco, la voz de un niño que se convirtió en pájaro por mal estudiante, tanto que en la escuela solo aprendió a decir la p y la q. Son recursos mnemotécnicos empleados, en mi opinión, para facilitar la identificación del ave por el canto. Efectivamente, concede Felipe.
Un truco habitual de los pajareros es emplear reclamos para que se acerque el pájaro. Por ejemplo el del tocineru es "chichipán-chichipán", revela.
Quiero contarle algo relacionado con este pájaro. Mi abuela murió en casa. Murió de Alzheimer. Una vecina de su tiempo le llevaba cada día un queso fresco casero. Este queso lo dejaba oreando por la noche en el balcón posado en un delicado zarzu o pequeña bandeja de palitos de avellano trenzados. Cuando no lo tapaba, lo picoteaban los pájaros. Los pájaros más lambiones o golosos eran el tocineru o carbonero común y el veranín o herrerillo común. Los quesos traían marcas de los palitos de avellano trenzados y de los picos y patas de los pájaros.
A Felipe le encanta la anécdota. Dice que su organización tiene varios comederos instalados en la ciudad, por ejemplo uno en los Jardines de Pereda. En casa solemos poner un buen puñado de arroz y algo de pan en la repisa de la ventana de la cocina, le pregunto y pido su consentimiento. No quisiera yo interferir en ningún proceso natural. Me lo da y continúo: al principio venía una pareja de gorriones. Ahora tenemos a toda una bandada alrededor, también mirlos y estorninos.
Retomando el tema de las voces que pretendemos identificar en el canto de los pájaros, le pregunto por el riesgo de antropomorfismo, es decir, la tendencia, no sé si riesgo, de atribuir sentimientos humanos a otros animales, por ejemplo, que el miruellu sea melancólico o el ruiseñor enamoradizo. Lo discutimos. Finalmente convenimos que en los pájaros el canto es útil y que en nosotros la utilidad es factor determinante de la belleza, o al menos lo ha sido en su configuración primera, por lo que el antropomorfismo no conlleva proyectar algo nuestro en los animales ajeno a ellos, sino que, de acuerdo con nuestra propia naturaleza, consiste en reconocer en ellos algo que también es nuestro, de hecho algo tan nuestro como la belleza que subyace en el canto de las aves en su formulación primigenia.
La BBC radio se inauguró en 1922. Dos años después se quiso hacer la primera retransmisión en directo. Se decidió que esta se realizara en un jardín de Surrey donde una chelista tocaba todas las noches acompañada por un ruiseñor. Así se hizo. Esa noche el ruiseñor tampoco faltó a su cita. Fue todo un acontecimiento.
Hay pájaros que cantan mejor a pie forzado, revela Felipe. No es que el ruido ahogue su canto, es que sin ruido no cantarían. Lo cual no quiere decir que deba haber un ruido ensordecedor. Son cosas distintas.
El año 1942 se repitió la grabación pero esta vez sin la chelista. Se dio comienzo a la grabación. De fondo se oía un rumor. El ruiseñor se puso a cantar. El rumor se acercaba. El técnico de sonido siguió grabando. Era una flota de aviones británicos de paso. Iban a bombardear Alemania. Pasaron los aviones y el pájaro siguió cantando. Es un testimonio espeluznante de supremacía de la vida frente a la muerte.
La enfermera Nightingale, a la que se suele representar con un candil porque apenas dormía cuidando a los heridos, considerada madre de la Enfermería moderna, toma su nombre de este ave.
De camino al bar donde vamos a tomar un café hablamos de las creencias. En cualquier cultura tradicional, caso de la nuestra, la cántabra, las creencias median con la realidad, no es que interfieran o dificulten, es que facilitan la aproximación. Quizá por falta de otros recursos, lo admito. Pero lo cierto es que lo hacen. Al menos mientras esté viva. Si se recrea puede perseguir fines espurios. Aunque, ¿qué tradición no es una recreación? ¿No estará esta siempre sujeta a intereses ajenos a su naturaleza? ¿Pero cuáles serían en este caso legítimos? La tradición no es monolítica. Lo único permanente es el cambio, que es igual a reinterpretación. Entonces la clave estará en el signo del cambio, si positivo o negativo. Pero para quién. Lo dejamos.
Nos sentamos y pedimos café mediano servido en vaso. Lo traen en un platito de cristal que parece de encaje. Alabo la presentación pero no obtengo reacción del camarero. O sí, y es ninguna. Se habla fuerte, aquí. Las aves marinas tienen voces finas porque si las tuvieran graves no se las oiría, asegura un amigo. Por eso los pejinos hablan agudo y cantando, para hacerse oír en la mar. El cántabro pejinu y su variante pejín emparentan con peje, sinónimo de pez, del latín piscis.
A José Hierro le gustaba hablar cantando, al estilo marinero. Lo hacía por nostalgia. Suya es la frase "ya nadie se esquila a los árboles ni asubia cuando llueve". La transcribió su amigo Antonio Bartolomé Suárez. De Tierra sin nosotros, primer libro del poeta, publicado recién salido de la cárcel, traigo unos versos: "Paloma marinera, lenta y viva, / que en el pico, en lugar de verde oliva, / lleva octubres de música remota". El mes de octubre es un guiño a la revolución que simboliza el punto rojo del pico de la gaviota. No es verde. No simboliza la paz. En este punto rojo es donde los pollos tienen que picar para obtener el alimento de los padres. Felipe lo confirma.
(abro paréntesis)
Tierra sin nosotros es un canto al curso natural de las cosas interrumpido (no roto, no se lo parecía a él entonces) por la guerra. Es un libro que resguarda la esperanza de volver a empezar como antes. Pero no se cumplieron sus expectativas. Su último poemario, Cuaderno de Nueva York, se refugia en los sueños, recurre a la imaginación como vía de escape.
En todo el norte peninsular se solapa el amarillo y el rojo. Por ejemplo, los pasiegos emplean el adjetivo ruyu tanto para los rubios como para los pelirrojos. Mi tía Amaliuca era rubia. De pequeña, tras la guerra, le decían que era roja y ella lo negaba. Ella era rubia, se defendía. Por la cuenta que le traía. El escritor asturiano Xuan Bello, recientemente fallecido, cuenta en Historia Universal de Paniceiros un caso parecido que acabó en tragedia. Pasa también con el castellano rubicundo, que tira del amarillo para el rojo, o gorrión, de etimología desconocida, pero que es probable derive de un antiguo sustrato compartido con el vasco gorria, encarnado.
(cierro paréntesis)
¿El sol es amarillo o rojo? Es una pregunta que, llegados a este punto, Felipe y yo nos hacemos. ¿Cómo se representa? En Cantabria rojo, aventuro. Porque es el sol del amanecer, el de cuando madrugas.
Sale entonces a relucir el petirrojo, que en cántabro recibe el nombre de papu coloráu y que a mí me extrañaba porque en nuestra tradición los pájaros genéricos suelen ser hembras, hasta que supe que en realidad se le llama la pájara del papu coloráu. Entonces sí. También papuca. Felipe me recuerda que hace poco han sacado en colaboración con otras entidades una lámina que recoge todas las aves de Cantabria y que sus nombres están también en cántabro. Para ello han contado con el asesoramiento de Raúl Molleda, que es precisamente el amigo que me dijo lo de las voces finas de las aves marinas y que también ha sido entrevistado para este mismo proyecto. Igualmente, rojo el penacho del pájaro carpintero, continuamos, que en cántabro se llama picu rilinchu porque canta de forma parecida a como relinchan los caballos. Por último, el pecho rojo de las golondrinas. Se dice que porque quitaron las espinas a Jesús durante la Ascensión. Los nidos de golondrina no se tocan, son sagrados, tercia Felipe. Es cierto, no conozco a nadie que los quite. De hecho, se toma como un buen presagio que aniden en el alero de tu casa. Por qué será, pregunto, porque son buenas para eliminar insectos o por qué, insisto, a lo que responde Felipe que sí pero no solo, es probable que subyazcan creencias más profundas relacionadas con la entrada de la primavera.
Hay una portalada en una finca de Comillas firmada por Gaudí que tiene un acceso para las personas, otro para los carruajes y otro para los pájaros. Seguramente se inspirara en los vecinos.
Se cuenta que Mozart tomó nota del canto de un estornino pero que le corrigió una nota que había dado mal, según él. Es peligroso caer en el elitismo. El primer movimiento de la quinta sinfonía de Beethoven está inspirado en el canto del carbonero común: el reconocible "ta-ta-ta-taaaa". Precisamente el mismo que picoteaba los quesos frescos de mi abuela materna y dejaba sus patitas impresas en él.
Sobre mi abuelo materno. Su pájaro favorito era el miruellu. El piso que compró mi familia al venir a la ciudad fue porque cerca estaba cantando este pájaro. Mi abuelo se fio de él. El favorito de mi padre es el jilguero. Siempre tuvimos uno en casa metido en una jaula. Curiosamente, le gusta sobre todo por cómo vuela, un vuelo desvaído.
"Si le hubiera cortado las alas sería mío, no se habría ido, pero así ya no sería un pájaro y yo amaba a los pájaros", dice el delicado poema de Joxean Artze traducido del vasco al castellano por la IA de Google. Me recuerda al jilguero que siempre tuvimos.
Hay un relato de Tolstoi en el que a un niño le regalan una jaula y corriendo marcha a por un pájaro que meter dentro. Su madre le advierte que los pájaros no están para meterlos en jaulas. El niño no hace caso, atrapa un pájaro, lo mete en la jaula y, fatalmente, el pájaro muere.
Era común tener en las casas montañesas una jaula grande de madera con un malvís o un miruellu dentro. El pájaro era de los hombres, lo capturaban ellos, era suyo, pero lo cuidaban las mujeres. Eran muy apreciados los malvises campurrianos. Los montañeses iban a Campoo a buscarlos. Era porque Campoo es el único sitio de Cantabria donde hay ruiseñores. El canto del malvís de Campoo está influido por el ruiseñor. Aristóteles ya informó de ello en su Historia de los animales: "Entre las aves pequeñas, algunas no emiten la misma voz que sus progenitores si han sido criadas lejos de ellos y han oído el canto de otras aves". Este gusto cántabro por el detalle revela una afinación cultural de siglos. La cultura más que baja o alta es compartida o no es. ¿De qué vale que cuatro sepan todo y se lo queden para ellos? ¿No será mejor que entre todos lo sepamos todo? Esta es al menos la filosofía que rige nuestro servicio de préstamo interbibliotecario: no hace falta que todos tengamos todo, es insostenible, basta con tenerlo todo entre todos y compartirlo.
Pasa algo parecido en el entorno "pajarero", puntualiza Felipe. Antes era cosa de cuatro. Popes los cuatro. Inaccesibles, además. Ahora hemos logrado democratizar el gusto por las aves, asegura. Empleo la primera persona del plural porque SEO/BirdLife ha tenido mucho que ver en este cambio, afirma Felipe. En este caso un cambio para bien, concedo. Exacto, acepta. Movemos una masa social importante. Basta que te des un paseo por las Marismas Blancas o por Las Llamas para comprobarlo. Es ahora una actividad asequible. Como consecuencia, se ha feminizado. Ahora que somos más, hay más mujeres que hombres. Antes era una actividad solitaria y daba miedo. Ahora no. Pero hay una dimensión más que no debe olvidarse. Y es que no se trata solo de un cambio cuantitativo el que se ha operado sino también cualitativo, dice.
Pasa a explicarse:
El ecologismo en sus fundamentos ha sido muy desconsiderado con el mundo rural: cazaba, expoliaba los nidos, etc. Pero estas actividades ahora se están reinterpretando como formas distintas a las actuales de acercarse a la naturaleza, las de entonces. Es cierto, digo, que mi padre sabe distinguir de qué ave es un huevo solo con verlo porque de pequeño los goraba para coleccionarlos. Las motivaciones eran entonces las mismas que las de hoy, retoma Felipe. Esas son las que nos sirven.
Antes se enjaulaba a un pájaro para tenerlo cerca y ahora tenemos prismáticos, es una frase que me preocupo de recoger al pie de la letra.
Desde el ecologismo actual estamos revalorizando esta tradición que ama las aves, continúa. No sus formas, sino sus porqués. Que el queso fresco picoteado se aprecie más porque lleva el marchamo de calidad de un ave, por ejemplo. Qué hay detrás de eso. O que una casa con nidos de golondrina en el portal se vea más bonita, eso nos interesa. Porque se ha demostrado que nuestro entorno inmediato, por lo que le valoramos hoy (otros valores conducirán a otro mundo, que puede que sea mejor, no se sabe, pero lo único seguro es que será diferente), sus valores, reposan en nuestra tradición. Se ha comprobado que desde que no hay gallineros hay menos gorriones. Que un espacio como Sejos necesita de los seres humanos para ser. En definitiva, que para detonar el canto de un ruiseñor también vale un chelo.
Estamos dentro. Esto tiene implicaciones. Que al renaturalizar Santander los modelos que tomemos sean los tradicionales que reposan en el paisaje de mosaico, de donde la revalorización de las jiebis, por ejemplo. No estoy hablando de asilvestrar, remarca Felipe. Es replicar nuestro entorno. Esta línea además enlaza con la idea de gestión diferencial acomodada a las expectativas de los ciudadanos. Ellos son los que mandan. Compartir conocimiento a partir de información objetiva y actuar. Probablemente en las campas del Hospital, donde preside la idea de higienismo, las soluciones que apliquemos no puedan ser las mismas que las de La Remonta o el Parque de Morales. Pero responderán a los mismos principios.
Ojalá tengamos oportunidad de comprobarlo, concluyo.
Terminamos nuestros cafés. En la puerta se ha aposentado un grupo de señoras mayores que hablan fuerte, quizá para escucharse por encima del ruido de las obras que están levantando el barrio. Pedimos permiso y pasamos
en silencio.




