viernes, 1 de noviembre de 2024

VIRIDITAS, 27. La alondra

A mediados de septiembre celebramos en el hospital un homenaje al escritor Álvaro Pombo. Su por entonces última novela, titulada Santander, 1936, respondía a unas coordenadas también importantes para nuestro hospital, por eso le invitamos, por eso y porque su trayectoria nos parecía coherente y valiosa. Enmarcamos el homenaje en una jornada titulada Escritura y Salud que presentamos como primera edición, en previsión de nuevas ediciones, nuevos autores, nuevas oportunidades para estrechar relaciones con nuestro entorno.

Álvaro Pombo estuvo a gusto, se notó. En sus palabras de agradecimiento, dijo: "Estamos en un territorio esforzado. Valdecilla es un territorio espiritual y material esforzado." Esta correspondencia entre las ideas y su manifestación, bien lo vio el escritor, entre lo que se piensa y se hace, es efectivamente uno de nuestros pilares.

Fue una jornada larga. Fue un día de pleamar y luna llena. Álvaro Pombo añadió en su discurso que le hacía mucha ilusión volver a Santander "para ver su paisaje maravilloso, el de la pleamar, hoy hay pleamar, es la pleamar, es como la luz eterna, la pleamar es la luz eterna y celeste."

En días así se ve pasar a las alondras que vienen de la mar. Se las puede casi tocar desde la cima de alguna montaña. Miraoriu, en Peñacastillo, por ejemplo. Las alondras pasan de un lado a otro aprovechando las corrientes de aire que barren las alturas. Te arropa el aire y las alondras con su canto.

La compañía, el músculo.