Subiendo a Braña Espinas, donde un trovador nos había contado, más bien cantado, que tuvo lugar un enfrentamiento mítico entre un toro y un oso, aunque quizá fuera la propia trova la que lo hiciera mítico y que el enfrentamiento fuera real, advertimos que empezaban a bajar todos los animales, vacas y yeguas, pájaros también, al tiempo que se oía una enorme y profunda respiración. Nos asustamos, volvimos la vista y vimos posada una tormenta encima de Peña Sagra. La cadencia de los truenos era la de una respiración. Es lo que en La Montaña se conoce como sindiu, palabra relacionada con sinciu, que, entre otras acepciones, tiene la de "ansiedad". Decidimos bajar nosotros también.
El poeta José Hierro decía que sus vecinos de Portio, en cuyos acantilados tenía una casita, aseguraban que los fósiles de erizo que se encontraban sueltos en los arenales y empotrados en la roca eran lo que llamaban "piedras del rayo", por ir en la punta del rayo, que caían buscando tierra y que por eso, si te daban, te mataban, no por la descarga eléctrica. En otros lugares, como Liébana o el País Vasco, las "piedras del rayo" son hachas pulimentadas neolíticas.
El primer discurso pronunciado por el Dr. López Albo fue el de la Biblioteca. En él, advierte de las tormentas que se avecinaban, animando a su equipo a enfrentarlas. Pero se ve que no fue suficiente. Murió en el exilio. Por su parte, el Dr. Téllez Plasencia fue seleccionado en tiempos de guerra para representar a España en un congreso internacional. Su ponencia versó sobre su Servicio de Rayos. Nunca se difundió en España. La hemos recuperado recientemente. El Dr. Téllez Plasencia también falleció en el exilio. La "piedra del rayo" encontró a ambos.